Las normas están para cumplirlas. El Ayuntamiento de Zaragoza dicta unos horarios para los establecimientos de ocio en las fiestas del Pilar que ya se estiran convenientemente para adaptarse a unas demandas que, forzosamente, son excepcionales. Y eso afecta también a la carpa de Interpeñas, al fin y al cabo, una oferta más de ocio, como tantas, aunque multitudinaria. Pero su capacidad de atracción no puede convertirse en patente de corso para vulnerar la hora de cierre. También hay vecinos. Quizá sea que la multa prevista (6.000 euros el año pasado) compensa con los ingresos que se generan en horario intempestivo.