Les confieso que la macroeconomía no es lo mío y que con llevar las cuentas de casa me basta y me sobra, a veces poquito por cierto. Pero en mi ignorancia se distinguir (¡faltaría más!) lo que es un crédito al 25% de interés de un microcrédito sin aval, esa experiencia puesta en marcha hace 30 años por el economista bangladesí Mohamed Yunus que le ha hecho acreedor del Premio Nobel de la Paz. Acostumbrados a conocer a diario las chapuzas de quienes hacen del dinero fácil su objetivo el que un brillante economista ponga en marcha un sistema financiero que ha beneficiado a millones de personas (pobres de necesidad) en todo el mundo, permitiéndoles poner en marcha un proyecto empresarial que les salva de la hambruna sin que nadie deba responder por ellos, más que su honradez, es una noticia que nos reconcilia con la humanidad. Yunus, el prestamista de la esperanza, como a él le gusta que se le conozca, está convencido de que: "Los pobres tienen posibilidad de valerse por sí mismos si les ayudamos". Él lo ha hecho extendiendo una idea realmente revolucionaria a los desheredados y de forma muy concreta a uno de los sectores más oprimidos: las mujeres. La concesión del Nobel de la Paz ha coincidido con la campaña mundial Levántate contra la pobreza dirigida a recordar a los líderes mundiales el incumplimiento de los objetivos marcados en el año 2000: luchar contra la pobreza. Para Yunus ese objetivo dejó de ser una utopía hace 30 años porque en la vida, como en la política, sólo hay que querer, querer. Cuestión de voluntad. Periodista