Por supuesto, todos los años son de algún un modo el aniversario de algo, pero en este año 2006 dos aniversarios podrían pasar desapercibidos y no deberían, pues se trata de acontecimientos que marcaron el mundo. Se trata de la insurrección popular de Hungría de octubre-noviembre de 1956, y de la guerra de Suez, que tuvo lugar por las mismas fechas. Y ello no es un dato menor.

El primero de estos acontecimientos es hoy pura historia. De hecho, solo lo recuerdan los que lo vivieron (como protagonistas o como coetáneos) o la generación posterior, que, por su alto grado de politización, tuvo que vivir con ello. En 1956, el espacio geopolítico soviético, en el apogeo de la guerra fría, incluía la Unión Soviética, pero también las llamadas democracias populares. La euforia de la victoria contra el fascismo y el nazismo duró un breve interregno de dos años, hasta 1947. Entonces empezó la guerra fría, la sovietización de la Europa del Este, la fiebre anticomunista en Estados Unidos y en amplios sectores de la opinión europea occidental. No está de más recordar lo que ahora sabemos de las revueltas populares en Berlín Oriental (1953), en Polonia (1956, 1968 y 1980), en Hungría (1956) y en Checoslovaquia (1968).

EL LEVANTAMIENTO popular de Budapest, en octubre de 1956, fue el paradigma de estas revueltas genuinamente populares, independientemente de que, como es lógico en el contexto del mundo bipolar, la CIA intentase sacar provecho de ello. Después de sucesivos movimientos de resistencia creciente contra el dirigente Rakosi, los soviéticos aceptaron que el reformista

Imre Nagy pasase a dirigir Hungría. Pero la revuelta creció y el 24 de octubre Nagy, pensando que podría encauzar el movimiento, aceptó todas las reivindicaciones, propuso la "vía nacional al socialismo", la salida del Pacto de Varsovia y la neutralidad de Hungría. Antes se había producido el espectacular ejemplo de Tito, que en 1948 se atrevió a romper con Stalin y liderar poco después el movimiento de los no alineados. Hubo violencia en las calles de Hungría, asaltos y linchamientos de policías.

El 4 de noviembre, la URSS, de la mano del reformador Nikita Jrushchov, decidió que ya estaba bien. Paréntesis: el mismo Jrushchov había sorprendido al mundo con su denuncia del estalinismo en el famoso 20° Congreso del Partido Comunista de la URSS. Por cierto, la China de Mao Zedong fue la primera en exigir poner orden en Budapest, en aras de la "unidad del socialismo". Fue la última vez que China y la URSS estuvieron de acuerdo en algo. El resto es bien conocido. Los tanques soviéticos entraron en Hungría, y 3.000 muertos, 15.000 detenidos y casi 200.000 refugiados después, el orden reinó de nuevo en el país, de la mano de Janos Kadar, neoestalinista ejemplar. Imre Nagy fue ejecutado en secreto poco después. El ejemplo solo duró un decenio, pues en 1968 Praga entró en plena primavera reformista, de nuevo un intento de socialismo democrático, de nuevo los tanques.

Por aquellos mismos días, la última semana de octubre y la primera de noviembre, Gamal Abdel Naser, líder de los "jóvenes oficiales egipcios", que había saltado a las primeras páginas de los periódicos por su nacionalismo y anticolonialismo (sin un ápice de islamismo en su discurso, por cierto), decidió nacionalizar el canal de Suez, crucial para el comercio mundial. El Reino Unido y Francia lanzaron una guerra relámpago, con el apoyo de Israel, y en pocos días unos y otros tomaron el canal y la península del Sinaí.

Curiosamente, y por primera vez desde 1947, Estados Unidos y la URSS se pusieron de acuerdo en Naciones Unidas para, simple y llanamente, dar a los agresores una semana para retirarse por donde habían venido. Ser miembros permanentes del Consejo de Seguridad, con derecho de veto, no sirvió de nada al Reino Unido y Francia, que perdieron políticamente lo que habían ganado militarmente. Un episodio más en su cadena de derrotas políticas en guerras coloniales que ambas potencias nunca entendieron. Ambos países pensaban que seguían siendo grandes potencias, cuando ya eran solo potencias pretéritas. En cuanto a Israel, en 1956 empezó su largo aprendizaje (aún por concluir) de que puede ganar militarmente y políticamente algunas guerras decisivas para su existencia (la de 1948 y la de 1967), y perder políticamente, aunque no militarmente, otras que no eran de supervivencia (las de 1956 y 1982), con el caso intermedio de la guerra del Yom Kipur, en 1973.

DOSejemplos de que el mundo, hace 50 años, ya parecía bailar sobre la cuerda floja, con el añadido de una amenaza de holocausto nuclear global más convincente que las actuales gesticulaciones de Corea del Norte. Teníamos miedo: recuerdo a mis padres pegados a la radio (no teníamos TV); las hemerotecas muestran portadas estremecedoras. Pero las dos superpotencias ya sabían cómo escenificar sus antagonismos, pero también sus acuerdos puntuales, como hicieron antes y después, con las guerras de Corea y Vietnam, a la par que lograban acuerdos eficientes sobre sus armas nucleares

Y, a todo esto, una buena noticia: Czibor y sus compañeros llenaron el Barcelona y el Madrid de estrellas que reinaron durante una década. La intervención soviética pilló a su equipo de fútbol de gira por Europa. Cosas del fútbol.

Catedrático de Ciencia Políticade la UB