Vivimos una época más que enrarecida, acaso porque la clase política está en horas bajas y apenas es valorada positivamente por la ciudadanía. Sin embargo, el tejido social goza de mejor salud, merced a la existencia de las asociaciones de barrios, algunas ONGs., las asociaciones de padres, de consumidores, las fundaciones... dirigidas por gentes cuyo tesón, inteligencia y generosidad no son suficientemente valorados. Sirva como botón de muestra la egregia figura del profesor Manuel Ramírez, durante tantos años al frente de la Fundación Lucas Mallada y del Centro UNESCO Aragón, entidades más que significadas por su buen hacer y que tras trece y nueve años de existencia respectivamente, han pasado a dormir el sueño de los justos. ¿Cómo es posible que se haya producido tal hecho? ¿Quién es el responsable último del desaguisado? Desde luego que quienes estaban al frente de ambas entidades no, siempre dispuestos a la hora de entregar su precioso tiempo, por supuesto que gratis et amore. Con su desaparición, Aragón se queda un poco más cojo y provinciano, justo cuando estamos tratando de convertirnos en Comunidad abierta a los cuatro vientos y, por lo tanto, señera a la hora de estudiar tanto los asuntos de nuestra vida política, social y constitucional como los relacionados con la paz y demás competencias concernientes a la UNESCO. ¡Vaya paradoja pretender ser adelantados de Europa mientras nada se ha hecho para evitar que se eche el cierre a tan cualificadas entidades. Alguien preguntar en las Cortes de Aragón.

Profesor de Universidad