Una cosa es el tiempo en los libros de historia, esas fechas encerradas entre paréntesis, y otra muy distinta su pálpito y reflejo en la realidad. Su minuciosa e imperceptible capacidad de mutarnos, de rejuvenecernos, de oxidarnos, de conducirnos lentamente hacia el conocimiento, y hacia el fin.

Así, por ejemplo, y a propósito de esa cualidad embalsamada o momificada del tiempo, cuando leemos, o recordamos, pues es una de esas fechas que, aunque no queramos ni lo deseemos, nos acompaña siempre, que la dictadura franquista duró cuarenta años, de inmediato nos asola una sensación próxima a la eternidad (pero no tanto de un paraíso como de un infierno repetido).

Con Franco, claro, todo era más lento, incluidas las penas, el fuego de la condenación, el padre tiempo. Pero, desde la transición, esas mismas materias de las que están hechas nuestras vidas (más el aire que respiramos trece veces por minuto) parecen haber fluido con una celeridad mucho mayor, hasta cubrir los treinta años ya transcurridos desde la muerte del Caudillo.

El Grupo Zeta, en plena celebración de sus treinta años de compromiso con la libertad de prensa, acaba de editar el álbum de la transición, que ustedes podrán conservar, pues se ha repartido de manera gratuita.

Un inventario ilustrado y glosado, el de nuestras generaciones, que se remonta a 1976, fecha del nacimiento de la revista Interviú, y que, pegado al puro filo de nuestra memoria, nos devuelve los principales jalones, acontecimientos, escándalos, triunfos, progresos, efemérides, sucesos, cambios, óbitos, magnicidios, todo aquello de relieve, en definitiva, acontecido en la sociedad universal y española y susceptible de modificar la vida pública en cualquier sentido.

Hay fotos para el recuerdo: una reunión de los jóvenes socialistas en el café del Congreso, con Felipe González, puro en mano, dictando instrucciónes a Guerra, Solana y Peces--Barba; otra de Fraga leyendo el Herald Tribune; otra de Suárez atusándose la corbata delante de la Reina; otra de Dolores Ibarruri y de Rafael Alberti, también en el Congreso; otra de Gorbachov besando en los morros a Hoenecker; de un Bin Laden rabiosamente joven y ya oculto en una cueva de Jalabalad, con el Kalashnikov a la mano; de un ciudadano inocente cayendo por las Torres Gemelas; del niño surafricano Nikosi Johnson tomando su combinado de pastillas para combatir el Sida: de José María Ruiz Mateos disfrazado de preso; de Luis Roldán disfrazado de boxeador, dejando asomar la punta de su famoso calzoncillo; de Mario Conde disfrazado de pijo; del incendio del Corona de Aragón; de Conchita Martínez alzando el trofeo de Wimbledon; de la riada de Biescas; del funeral de Don Juan de Borbón, y así hasta completar un mapa de recuerdos prendidos a nuestro pasado con los alfileres de la memoria reciente.

Amigos, enemigos, héroes, villanos... La historia viva, palpitante, de nuestro país respira en este volumen imprescindible, pues encierra el soplo y la inspiración de los treinta primeros años de nuestra libertad ciudadana.

Escritor y periodista