Una buena genética no es suficiente para conseguir una vida larga y de calidad. Recientes investigaciones cuestionan esa creencia que concede una influencia decisiva a los genes. Aun siendo importante el mapa genético, parece ser que no basta para asegurarse un óptimo registro personal de longevidad el acreditar un libro de familia impecable (por ejemplo, con un abuelo fallecido a los 92 años arrollado por un camión mientras montaba en bicicleta; o una abuela aún viva que, a los 90 años, sigue empeñada en hacerse ella sus cosicas y vivir sola).

El estudio al que me refiero atribuye mayor relevancia a circunstancias tales como el hecho de comer bien y variado y beber con moderación; también al no fumar y a seguir los controles médicos pertinentes con relación a la edad y a los antecedentes, personales y familiares. A su vez, es importante realizar una actividad física apropiada (andar 30 minutos todos los días puede ser suficiente). Además el estudio científico al que me refiero viene a decir que en la medida que seamos capaces de ser razonablemente felices, la longevidad podrá llegar a ser nuestra mejor aliada y compañera.

Doctor en Medicina y Cirugía. Radiólogo