La dirección del PSOE ha abundado en el error al designar a Miguel Sebastián candidato a la alcaldía de Madrid. Después de amagar con la designación del exministro José Bono, que a última hora se negó a encabezar la lista socialista, y de poner en el disparadero el nombre de la vicepresidenta María Teresa Fernández de la Vega, la elección de uno de los asesores más cercanos al presidente Rodríguez Zapatero, sin mayor ascendiente entre la militancia de la capital, que no ha sido consultada, no hace más que traslucir la inseguridad con la que el PSOE afronta el pulso político con el popular Alberto Ruiz Gallardón.

La vinculación de Sebastián a los asuntos madrileños, más allá de haber nacido en la ciudad, es francamente difusa, y su preparación profesional apenas atenúa su mala relación con algunos pesos pesados del Gobierno, empezando por Pedro Solbes. Estos dos factores, unidos a la solidez de la candidatura del PP, convierte la de Sebastián en una apuesta personal de Zapatero. Se trata de un riesgo poco medido porque lo corre el presidente en un escenario dominado por la probada solidez del voto conservador desde hace varios mandatos. La degradación de la calidad de vida de los madrileños durante los últimos años hace conveniente un cambio de mayoría. Pero los argumentos son insuficientes si quien debe lograrlo es un perfecto desconocido para sus conciudadanos.