Uno de los platos fuertes del programa electoral de Segolene Royal, la favorita para representar a los socialistas franceses en las presidenciales, es la creación de jurados populares para fiscalizar a los cargos electos. Royal quiere que la conducta de alcaldes, diputados y similares sea observada con lupa para evitar el mamoneo que ha provocado el "desamor" entre los franceses y los políticos. Cuando esta candidata --cuatro veces ministra, diputada en tres ocasiones y presidenta de la región de Poitou-Charentes-- hace una propuesta semejante, es porque conoce bien el paño y quiere distanciarse de los otros dos candidatos socialistas que también han sido ministros.

Hoy por hoy, Segolene es una mujer creíble para los franceses y, sobre todo, para las francesas. No es para menos. Casada con un prócer del PS francés que es el padre de sus cuatro hijos, la Royal sigue luchando por la igualdad de sexo, para lo que ha tomado a Rodríguez Zapatero como su referente: la Zapatera la llaman en Francia, donde las mujeres apenas están representadas en las esferas del poder a pesar de tener la tasa de ocupación femenina y de natalidad más alta de Europa. Y la Royal, que luce espléndida y fresca a sus 52 años, quiere limpiar la imagen de los políticos de raza, de los auténticos servidores públicos que quedan oscurecidos por los oportunistas de medio pelo que están en política para defender intereses muy concretos. A diferencia de Artur Mas, que va a recurrir a un notario para que de fe de su autenticidad, la Royal hace patente la suya cabreando a su propio partido.