El día que los presidentes de Aragón y Cataluña intercedieron para resolver el problema de los bienes de la Franja acabaron de fastidiar el proceso que hasta ese momento era eminentemente particular entre obispos. Pasqual Maragall, que en la teoría política era un aliado de los intereses de Aragón, ha echado por tierra cualquier acuerdo sensato por cuanto ya ha advertido que el litigio será "permanente". Es decir, que nunca se solucionará; que el retablo de Treserra, el frontal de Chía o la virgen de Zaidín seguirán siendo moneda de cambio político-religiosa, y que los fieles seguirán ajenos al patrimonio de su pueblo.