Unas veces la culpa es de la velocidad. Y otras, del tocino.

He aquí que Ciuraneta, el obispo de Lérida, a quien el Señor y la Conferencia Episcopal sigan acogiendo en su seno, pero lejos de aquí, lejos de la zona aragonesa de la Franja leridana (porque nosotros también podríamos reclamar una parte de Cataluña, ¿o no se habla allí castellano?), va a su marcha, o marcheta, a su velocidad.

El hombre (pues debajo de la capa pluvial, perdura) debe andar a estas alturas fuera de sí con tanto abogado y recurso. Tal ciudadano residente en sede obispal, ese catalán fanático y parcial pleitea más que un picapleitos, pero, en su ansiedad, en su demagogia, en su autojustificación debe confundir el magro con el jamón, los cuadros con los votos, el tocino con la velocidad. Descontando a su servicio jurídico, está solo. Hasta sus propios colegas, los purpurados jueces del Vaticano, quitan la razón a la diócesis de LLeida, le sentencian en contra, le recuerdan que detenta lo que no es suyo, y que en consecuencia debe, episcopal y administrativamente, cumplir los mandamientos de los hombres y de Dios, y devolver lo tan afanosamente afanado.

No sólo ya la plaza de San Pedro, sino media España le pide, le exige al terco pastor ilerdense el cumplimiento de los acuerdos de la Congregación de Obispos. Pero Ciuraneta no se mueve, ni mueve ficha.

Algo de su velocidad vial debería prestarle monseñor Ureña, nuestro zaragozano arzobispo, multado en Tauste por atravesar el centro de esa localidad a toda pastilla.

A Ureña le apasionan los coches deportivos tanto, al menos, como a Ciuraneta deben gustarle los óleos de época, y no estaría de más que, al menos hasta solucionar la crisis, intercambiasen los hábitos, los gustos, su comprensión de la velocidad administrativa y judicial.

Mientras los obispos andan a la greña, los rojos de Izquierda Unida pescan en aguas revueltas. El diputado Adolfo Barrena, representante de la coalición en el Parlamento de Aragón, ha dicho que el litigio sobre la propiedad de los Bienes de la Franja no debería estar sujeto a la jurisdicción de tribunales extranjeros (en alusión al Estado Vaticano), y que debería revisarse el Concordato. No le falta razón. Los de IU, sin embargo, no estarán en la anunciada manifestación aragonesista por la recuperación de las piezas. Será el único partido ausente en esa manifestación popular. ¿Motivo? Según dicen, para evitar fomentar el antiaragonesismo en Cataluña y el anticatalanismo en Aragón.

Tras estas declaraciones en apariencia roussonianas, pero jacobinas en el fondo, apenas se oculta la instrucción jerárquica de Gaspar Llamazares de no perturbar en absoluto el papel de sus siglas en las inminentes elecciones catalanas. Falta de reflejo, o de velocidad, y frenazo a los aragoneses. Teme Llamazares, seguramente con razón, que el resto de partidos en liza pudiera explotar contradicciones internas, incluida una plural posición federal en el conflicto de los Bienes. De ahí, de tal oportunismo, que IU de Aragón se vea privada de asistir a un acto obligatorio. Mal camino ése para disputarle a Chunta el llamado sufragio progresista (que lo es en ciertos asuntos, pero en otros no).

Escritor y periodista