Lo dijo y ni siquiera cambió esa mueca estreñida que mantiene en su cara de exfuncionario de la KGB. Aseguró envidiar al presidente israelí, acusado de violación. Lo calificó de "hombre muy fuerte" porque "¡ha violado a diez mujeres. Nunca hubiera esperado eso de él. Nos ha sorprendido a todos. Todos le envidiamos". Estas burradas, dichas en plural mayestático, las comentó en público creyendo que los micrófonos estaban cerrados. Y mira tú por donde se le oyó tan bien, que tuvo que salir un portavoz del Kremlin explicando que quizás el sentido del humor ruso no se comprenda en el extranjero.

Días después, en la misma cumbre con los líderes europeos, se despachó a gusto al criticar la corrupción de los alcaldes españoles, y asegurar que la mafia es una cosa que nació en Italia. Esas fueron sus respuestas a las suaves censuras recibidas por el deterioro de los derechos humanos en Rusia. Da miedo un hombre que es capaz de decir, esta vez a micrófono abierto, la escasa influencia que tenía el trabajo de Politkovskaya, la valiente periodista rusa asesinada cuando subía a su casa cargada con las bolsas de la compra. Como dando a entender que tampoco hay que rasgarse las vestiduras por la muerte de una periodista incómoda para el poder. A este asesinato se sumó el del gerente de la agencia Tass.

Putin habla desde la prepotencia de saber que Europa necesita garantizarse el suministro del gas y petróleo rusos. ¡En qué manos está el mundo si en el Este tenemos a Putin y en el Oeste a Bush!

Periodista y escritora