El robo de 350 pistolas en Francia ha hecho sonar todas las alarmas, incluso en sectores sociales que apoyan a Zapatero en su empeño por lograr el cese de la violencia en Euskadi. Caben pocas dudas de la autoría de ETA, y aunque todos sabíamos que el proceso iba a ser largo, complejo, con avances y retrocesos, una cosa es la teoría y otra la práctica, y cuando aparecen las dificultades cunde el nerviosismo y la desconfianza en la acción del gobierno.

El robo de las pistolas es un paso más en la escalada de tensión protagonizada por ETA y su entorno en los últimos meses pero, ¿es irreversible? ¿Implica que la organización terrorista se está preparando para volver a matar? Para responder con rigor a estas preguntas es necesario conocer las claves con las que se mueve el mundo de ETA --espero que el gobierno las conozca e interprete correctamente los últimos acontecimientos-- pero no hay que olvidar que hasta ahora, la denominada izquierda abertzale no solo no ha conseguido ningún objetivo político, sino que ve como siguen adelante los procesos judiciales que tenía pendientes y, en estas condiciones, no es de extrañar que los interlocutores del gobierno quieran demostrar, dentro y fuera de sus organizaciones, que tienen capacidad operativa y que no se han rendido.

Aun con las dudas razonables que pueda haber hay que seguir negociando, todavía no se ha cruzado la línea de no retorno. Si el gobierno sabe aguantar las tensiones propias de la negociación, si mantiene la cabeza fría, en el peor de los casos, aunque no se consiguiese la desaparición de ETA, ésta saldría seriamente debilitada. El tiempo juega a nuestro favor y cada día que pasa sin que haya muertos es una victoria del estado de derecho sobre el terrorismo que hace más difícil la vuelta atrás, además el deseo de paz de la sociedad española, en especial de la vasca, es tan grande que se lo hará pagar al responsable de la ruptura, y esto Batasuna lo sabe.

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