El Parlamento Europeo debatió el miércoles y aprobó una resolución que apoya la iniciativa del Gobierno español para abrir un proceso de paz en el País Vasco. Que la paz en Euskadi haya figurado esta semana en el orden del día de la Eurocámara es una demostración de la magnitud del problema y de la necesidad de enfocarlo de una manera global, con la aquiescencia, el apoyo y la convicción democrática de todo el continente.

En este sentido, la resolución favorable al proceso significa, por una parte, un espaldarazo a la política socialista y al empeño de Rodríguez Zapatero en llegar a acuerdos de paz. Pero también, por qué negarlo, la confirmación de lo que podemos llamar efecto altavoz: el deseo del nacionalismo vasco de trasladar al ámbito europeo un problema que va más allá, según él, de la estricta discusión política española.

DISTINTAS ÓPTICAS El resultado de la votación, sin embargo, pone en evidencia --también en Europa-- la existencia de dos ópticas distintas a la hora de abordar la cuestión. La presión del PP español sobre sus aliados europeos y la voluntad de trasladar a la Eurocámara la disputa doméstica provocó dos votaciones de signo distinto. El Parlamento de Estrasburgo rechazó la propuesta del PP Europeo en la que se consideraba precipitado el proceso y en la que se advertía de una hipotética "alteración de las fronteras internas de la UE". Con un resultado muy similar (y tremendamente ajustado), el Grupo Socialista, con apoyo de los liberales, de los ecologistas y de la izquierda, consiguió que la Cámara diera luz verde a un texto que no plantea disquisiciones políticas de largo alcance, sino una mínima hoja de ruta a la que ya dio su visto bueno el Parlamento español, y en la que se va avanzando con contratiempos tan espinosos como el reciente robo de armas en el sur de Francia. Una hoja de ruta y una declaración de intenciones que recogen la necesidad de salvaguardar la justicia, de luchar por la paz y de solidarizarse con las víctimas.

A raíz de la tregua de ETA, el presidente del Parlamento Europeo, José Borrell, declaró que era "un momento para la unidad de todas las fuerzas políticas democráticas". Esta vez se ha desaprovechado otra oportunidad excelente para esa unidad en el camino de la paz. La propia Comisión Europea, por boca de Franco Frattini, abogó por la conjunción de unos esfuerzos que siguen, también en Estrasburgo, caminos dispares, y el líder del grupo socialista, el alemán Martin Schulz, dijo en español: "No nos cerraremos, por el contrario nos abrimos a la esperanza, al perdón, a la generosidad, por la paz pondremos lo mejor de nuestra parte para hacerla definitiva por la esperanza de todos". A renglón seguido, desveló que esta cita "maravillosa" fue pronunciada en 1998 por el expresidente José María Aznar.