Calaceite. Olivos y sol, arte y letra, tinta y piedra y papel.

He parafraseado el libro de Emilio Ruiz Barrachina porque su publicación (aparejada con un documental) supuso una inflexión en el largo y durmiente sueño de su sede literaria. Desde que se marchó el chileno José Donoso dejándonos, eso sí, una obra variada y rica, como las que se acometían antes, cuando no había que escribir sobre templarios o sobre arcas mágicas y esoterismos de los esenios, Calaceite había dejado de sonar en el universo de la creación hispanoamericana. Tampoco estaba ya Didier Coste, el responsable de la fundación Noesis, y faltaban muchos de los grandes protagonistas del gran Calaceite de los años setenta.

Un pueblo, aquél, al que de pronto comenzaban a llegar los Moix, o Mario Vargas Llosa, o Carlos Barral, o tantas otras figuras del mundo editorial y artístico. Muchos de ellos se alojaban en la propia casa del escritor Jsé Donoso, en la parte alta del pueblo, disfrutando de la maravillosa vista de la serranía del Matarraña y de la tibia compañía de las casonas y palacios del pueblo.

Algunos, como el propio Donoso, escribieron o se inspiraron allí, y no pocos adquirieron viviendas para restaurar, hasta componer una comunidad artística de un extraodinario y constantemente rejuvenecido nivel creativo.

Ahora, hoy, gracias al trabajo ya realizado durante anteriores décadas, y al actual impulso de la comarca, al entusiasmo de Rosa Doménech, a la constancia de Ruiz Barrachina y al cariño y a la suma de escritores que desde hace tres años viene colaborando en los programas de las Jornadas Literarias, desde Fernando Marías a Ramón Acín, desde Martínez Laínez a Juan Cobo Wilkins, las cosas están cambiando. Se respira una renovada ilusión, un renacido florecimiento.

Cada año, las Jornadas se dedican, más o menos genéricamente, a un eje temático, que después se amplía hasta el infinito en la multiciplidad de debates que animan las mesas y salas. En la presente edición, a partir de la tarde de ayer, residentes y visitantes, ponentes y oyentes disfrutan de la oportunidad de remontarse, de la experta mano de Ian Gibson, hasta la generación del 27 y las vísperas de la guerra civil. Dos figuras señeras, Federico García Lorca y Salvador Dalí, servirán al conferenciante para vertebrar episodios y lazos que hoy descansan ya en la historia de España.

La que no acababa de descansar era la memoria de García Lorca, tal vez el más famoso de los españoles asesinados durante la guerra civil. Un reciente trabajo cinematográfico de Ruiz Barrachina, en forma de documental sobre la muerte del poeta, podrá visionarse en uno de los municipios del Matarraña que también colabora en las Jornadas. El pasado año se emitió La luz prodigiosa, de Marías, con lo que el espíritu del de Fuentevaqueros habrá encontrado en Calaceite un nuevo y serrano acomodo.

Programas como éste, apoyado por las instituciones, por el Centro del Libro y la Asociación de Escritores, contribuyen a difundir nuestra cultura.

Escritor y periodista