Ha sido necesario que se derrumbara un muro del antiguo Seminario para concluir que en la construcción del edificio existía un "vicio oculto". Hasta que la pared no estuvo en el suelo, ni los técnicos municipales (un gran plantel de arquitectos), ni la consultora de ingeniería, ni la empresa constructora --a la que le dieron la obra a pesar de ser la más cara--, fueron capaces de descubrir el "vicio oculto", que no es otro que mucha arena y poco hormigón en la base y las columnas del edificio. Sin embargo, todos los citados se llaman andana, y nadie asume la más mínima responsabilidad que, hoy por hoy, son siete millones de euros.