Manuel Monterrubio pone el acento en un asunto que debería preocupar a los responsables municipales: la proliferación de carteles y avisos en elementos del mobiliario urbano. Esta práctica, que comenzaron los particulares, ha sido adoptada ya por empresas que encuentran una vía de publicidad cuasigratuita y, en cierta medida perseguible. Al final, los propietarios de esos bienes: farolas, semáforos, señales, somos todos. Al ayuntamiento le bastaría con aplicar la ordenanza y, por qué no, con habilitar algún espacio para este tipo de pequeños anuncios para controlar el fenómeno.