A principios de semana, mientras el portavoz popular Domingo Buesa se afanaba en redondear la redacción de la trascendental moción municipal sobre quién paga el farolillo del Rosario de Cristal que se rompió en la última procesión de fiestas, José Ángel Biel y su esférico equipo de colaboradores diseñaban la presentación de su candidatura a la Alcaldía de Zaragoza. Apoyado en estudios externos de una prestigiosa consultora de comunicación española bien remunerada, Biel decidió, amén de no entrar en la polémica de los farolillos, entrar a saco en la campaña electoral presentándose definitivamente como padre, hijo y espíritu santo del PAR al acaparar los cargos de aspirante al Gobierno de Aragón y al Ayuntamiento de Zaragoza, en su condición de presidente plenipotenciario del partido. "A partir de hoy --dijo el jueves--, hay dos candidatos al ayuntamiento: Belloch y yo". Biel no viene a hablar de farolillos.

Las reacciones políticas a la esperada decisión de Biel no se hicieron esperar, todas dentro de la previsibilidad y no ajenas a ciertas dosis de cinismo cuando no de indiferencia calculada. Otro líder metido en esta maniobra en otro contexto hubiera sido masacrado dialécticamente y acosado mediáticamente. Se habría generado una tormenta política, con truenos, rayos y centellas. Por eso, la primera pregunta que se formularán muchos ciudadanos es por qué se han dado las condiciones, en el PAR y en la política aragonesa en general, para que Biel materializara este doblete perverso sin levantar astillas.

PARA EMPEZAR, es evidente que los aragonesistas andan justos de materia prima electoral. Provoca desazón que un partido con casi 30 años de historia y con centenares de cargos públicos haya sido incapaz de formar al menos dos candidatos potentes para ayunamiento y DGA. Tampoco cabe duda de que al ejercer de primo de zumosol, Biel deja a Manu Blasco aquejado de un inmerecido enanismo después de una intensa dedicación y de aprovechar la difícil coyuntura del PP municipal --con un relevo a mitad de la legislatura-- para liderar en muchas fases la oposición a Juan Alberto Belloch.

Tampoco hay duda de que el perfil bajo del popular Domingo Buesa ha posibilitado la decisión. El popular es un hombre preparado pero desconocido para la mayoría por su ausencia de pasado electoral. Además, desde que arrebató a José Atarés el liderazgo del PP en Zaragoza se ha mostrado propenso a cometer errores sin saber aprovechar su rol de cabeza de la oposición. ¿Se imaginan a Biel disputando el voto de centroderecha a Luisa Fernanda Rudi, por ejemplo? A Biel ni se le hubiera ocurrido, porque difícilmente las encuestas le hubieran sido tan favorables como las que puede manejar ahora.

En tercer lugar, también parece obvio que la estrategia del aragonesista favorece electoralmente a Marcelino Iglesias, cuya ganancia con la apuesta de Biel es casi segura. De producirse el mantenimiento del PAR en las instituciones, el presidente seguirá dividiendo el voto de centroderecha, aminorando al PP, y desesperando a Chunta Aragonesista, ávida de responsabilidades de gobierno. De ahí que el secretario general del PSOE conceda a Biel una patente de corso que, como mucho, puede producir algún daño colateral en la nave socialista. El mero hecho de que el portavoz del Gobierno aragonés sea el azote de Belloch y sus colaboradores en la Alcaldía no deja de ser un contrasentido asumido tácitamente por Iglesias.

Otro factor determinante es la aversión que Chunta, y en particular Antonio Gaspar, provoca entre una parte importante de la facticidad local. Biel ha sabido rentabilizar este hecho y ha logrado convencer a quienes no comulgan con la política de los nacionalistas que él, personalmente, y no el PP representa la mejor fórmula de desgaste hacia esos fantasmas que tanta preocupación generan. El veterano político turolense también dibuja como un cazador de demonios con su arriesgada maniobra bicéfala.

Y AQUÍ ES donde puede introducirse la segunda gran pregunta que provoca la designación de Biel, pues representa un cambio en el discurso habitual de cualquier candidato en campaña electoral. ¿Cómo entenderá el aragonés medio, especialmente el que no resida en Zaragoza, el doblete de Biel?

No parece que el presidente del PAR pueda dirigirse al ciudadano en términos convencionales, con el discurso lógico: "Cuando yo esté en la institución para la que concurro haré tal cosa o intentaré tal otra". Su condición bicéfala le obligará a plantear la cuestión de otro modo. Más o menos así: "Cuando se produzcan las elecciones se dará una combinatoria de resultados que me hará optar por el Gobierno de Aragón, por las áreas de gestión del Ayuntamiento de Zaragoza o por ambas cosas. También puede darse el caso de que no incida en la formación de ninguna de las dos instituciones y deba pasarme a la oposición". Y, caso de gobernar, ¿con qué partido lo hará?, se preguntará algún ciudadano. A lo que Biel se verá obligado a responder: "Depende de la aritmética".

Bajo este postulado, convendrá afirmar que el PAR renuncia a un programa de gobierno. Biel es el único programa de gobierno. Su capacidad de virar a izquierda y derecha es la única clave. Las matemáticas y la coyuntura desbancan a las ideas. Con su planteamiento de campaña electoral centrada en un Biel plenipotenciario, el PAR se coloca en una posición límite y pone al ciudadano en una tesitura totalmente nueva. La política lo aguanta casi todo, desde unas primarias a una autoproclamación, pero una jugada como ésta resultan muy difícil de tragar.

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