Por si alguien no lo sabía, somos ya 428 millones de personas los que hablamos español. Eso no quiere decir que exista en España un consenso básico sobre la potencialidad de nuestra lengua como instrumento de comunicación y de influencia, porque para eso, en primer lugar, tendríamos que tener un proyecto colectivo formulado sobre España y una confianza en su capacidad de expansión.

Escribo esto desde San Millán de la Cogolla, sede de la I Acta de la Lengua Española, que es un hermoso proyecto para estudiar las debilidades y potencialidades del español en el mundo. Personalmente, soy muy escéptico porque estoy convencido que el proceso de reconstrucción de la idea de España no ha encontrado un soporte moderno, progresista y aglutinador, porque la izquierda española ha sucumbido a la vía de escape de formulaciones nacionalistas periféricas, para aliviarse del trago de tener que rescatar a España de los escombros de nuestra dictadura. El PSOE se ha sumergido en la tentación de reducir el Estado para clonarlo en estructuras autonómicas alternativas en la que su burocracia se expande y encuentra acomodo. No termina de descubrir que Iberoamérica es algo más que un recurso retórico posible de articular si somos conscientes de nuestro ser.