El Banco Mundial acaba de presentar un informe sobre Latinoamérica en el que incluye una novedosa interpretación económica sobre la relación entre pobreza y crecimiento, en la que se abandona el término en desarrollo para clasificar a parte de los dos centenares de países que integran este organismo de las Naciones Unidas, que, junto con el Fondo Monetario Internacional, es el principal vigilante y corrector de la economía del planeta.

Una frase que han destacado los autores del texto ha galvanizado todo su contenido: "La pobreza es negocio". Es eficaz, pero no refleja del todo lo que contiene, desde el punto de vista ideológico, el informe presentado esta semana en Madrid. Estamos ante una rectificación largamente esperada por no pocos estudiosos de las causas de la pobreza y de cómo combatirla. La receta, casi única y universal, había sido hasta ahora que el crecimiento de la economía era el único camino de los países pobres para abandonar el furgón de cola de la prosperidad. Al aplicar esos principios a Latinoamérica (desde el Caribe hasta los confines de América del Sur) se ha comprobado que deben revisarse.

OTRA REALIDAD Pese a la diversidad de países, regímenes políticos y ayudas internacionales, se ha impuesto otra realidad. El crecimiento, en promedio, del subcontinente americano, superior al 5% anual, la reducción de sus tasas de paro y la eliminación de las tensiones de tipos de cambio e inflación son un indicio de buena salud macroeconómica nada despreciable. Pero los otros indicadores, los sociales, registran una pobreza rampante para casi un 40% de los suramericanos, que acaban siendo víctimas de la explotación si se quedan en casa o de las penurias si emigran. El Banco Mundial, por fin, ha sabido dar la vuelta a este círculo vicioso y ha enviado un mensaje que merece repercusión también mundial: el crecimiento es necesario, pero no suficiente, para reducir la pobreza. En Suramérica, los países que mejor están en disposición de atender esta propuesta son Brasil, Argentina y Chile, que tienen gobiernos progresistas. Si no la asumen y la practican en su propio país, acabarán arrastrando al resto de los países de la zona.

POBRES Y ANALFABETOS España no es ajena a este aviso, porque está entre las primeras potencias inversoras en la región. Lo avisó el Círculo de Economía hace unos días: es la pobreza la que impide el crecimiento, no es el crecimiento por sí mismo lo que ayuda a erradicar la pobreza, de ahí la apuesta firme por parte del Banco Mundial por aplicar políticas específicas de educación, infraestructuras o microcréditos dirigidas a los grupos más pobres de la población. Unicef y la Unesco acaban de alertar sobre un hecho alarmante: 77 millones de niños en el mundo siguen sin poder ir a la escuela. Las tres cuartas partes de estos menores sin escolarizar viven en el África subsahariana y en Asia, un dato que servirá para entender las grandes corrientes migratorias.