Este Biel es un fenómeno. De momento, ha conseguido que se hable de él. De Bi-él. Lo viene consiguiendo en general, pues es portavoz del ejecutivo aragonés. Pero desde hace meses ocupa también un espacio que los demás vienen aplazando: el electoral. Esta decisión de presentarse como cabeza de lista a las elecciones para el Gobierno y al Ayuntamiento de Zaragoza (y porque no toca votar al Congreso) acarrea muchos riesgos, el director de este periódico los explicaba muy bien ayer. Seguro que el propio Biel los ha contemplado en su particular proceso de autoelección. Pero hay algo que es cierto, y preocupante: los candidatos al Ayuntamiento tienen un perfil bajo, incluyendo al alcalde, que amortigua esa bajura porque parte desde el cargo y va montado en la Expo, pero que ganó por los pelos.

Biel ha visto que el problema es desaparecer, y por eso salta a la plaza poniendo el foco en Belloch, que rechaza esta simetría forzada. El problema del PAR es bajar de votos, perder el poder. Así que el jefe se ha tirado de cabeza con la intención, al menos, de frenar este tobogán estadístico, histórico. Aspira a lo máximo para perder lo mínimo. La doble candidatura le da la posibilidad de la que carecen sus rivales: hablar en los dos frentes (y presencia doble en los medios). Como poco, se abre una nueva perspectiva a si mismo, se amplía el campo de batalla. Como candidato al Gobierno de Aragón tendrá que defender su gestión, pues ya lleva tiempo en el cargo, y defenderse siempre es un fastidio: como poco, impide atacar, resta energías y recursos. De momento, lo que consigue con lanzar su candidatura es reforzarse y ganar presencia por la vía de lo inédito. (Encima, rescata el metro y el tranvía, el fracaso de esta corporación y de este (su-Gobierno). El marketing del que da el primero y se arriesga tiene su tirón. Y el riesgo es lo suficientemente elevado como para no despreciar la estrategia: podría perderlo todo en el envite, incluso podría arrastrar a su propio partido, que quizá no se recuperaría de una derrota en estas condiciones ya agónicas.

Esta maniobra deja mal a su socio de gobierno, pues su mutismo parece indicar que avala el asalto al ayuntamiento socialista. Pero quizá el propio presidente vislumbra la posibilidad de librarse de una simbiosis cuyo precio sólo él conoce.

Escritor y periodista