Si la enseñanza ha devenido en un difícil ejercicio, capaz de frustrar sólidas vocaciones, cuando se refiere a adultos suele constituir una experiencia muy gratificante, alejada de los ambientes crispados y desmotivados que tan infaustamente prevalecen en las aulas.

Personas privadas de un oportuno acceso a la alfabetización e inmigrantes con escaso o nulo conocimiento de nuestro idioma disponen hoy de la ocasión para remediar sus carencias e integrarse en nuestra sociedad. Ellos ponen el ánimo y la voluntad de aprender; al otro lado del pupitre encuentran docentes que comparten su ilusión y están dispuestos a mostrarles los rudimentos del español. Como José Andrés Alonso, autor de una obra La letra, con poesía entra, a través de la cual pretende facilitar el aprendizaje funcional de nuestra lengua mediante una herramienta sólida, cómoda y atractiva, antagónica de los rancios métodos habituales en tiempos pretéritos.

José Andrés considera su trabajo como un privilegio en el que se aúnan los deseos de aprender y de enseñar. En tal complicidad entre profesor y alumnos reside el éxito de la enseñanza.

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