Todavía hay mucho que hacer.

Es Ian Gibson quien repite esta frase, típica de los investigadores insaciables, como él.

En el coqueto Teatro de Calaceite, abarrotado para la ocasión, Gibson nos habla sobre Salvador Dalí, el hombre de las mil caras, el artista--cebolla. Nos confesó sus dificultades, como biógrafo, para investigar en el búnker de su Fundación, donde no deben facilitarle mucho las cosas, y de algunas curiosidades de su libro Mi vida secreta, escrito originalmente por Dalí en francés, traducido al inglés y, de ahí, vertido al castellano.

En dicho texto, el genio catalán reconocía, en serio o en broma, que una de sus principales vocaciones estribaba en ser cocinera. No "cocinero", como se tradujo con posterioridad en la versión española. Después vendría París, Gala, Avida Dollar...

"Todavía hay mucho que hacer". ¿Por ejemplo?, sugiere Gibson, preparar las biografías de Valle--Inclán y de Pío Baroja, quienes, incomprensiblemente, carecen de ella.

Gibson, con Carlos Franz, Jorge Meyer, Emilio Ruiz Barrachina, José Luis y Ramón Acín y un numeroso grupo de escritores y cineastas tuvo ocasión de visitar la antigua casa de José Donoso, situada en lo alto del pueblo. Junto a ella, se levantan las de la escritora peruana Elsa Arana y la del también chileno, y ahora renacido, pues sus obras vuelven a publicarse, Mauricio Wácquez.

La casa de Donoso sólo puede visitarse si su actual dueña, una amable inglesa, lo autoriza. Con nosotros, Jane, se mostró hospitalaria, por lo que pudimos conocer el legendario jardín y el estudio en cuyo escritorio se concluyó El obsceno pájaro de la noche, y donde fue redactada en su totalidad Casa de Campo, una metáfora sobre la dictadura chilena. Allí, en el patio, entre rústicas vigas y enormes chimeneas, jugaron los hijos de Mario Vargas Llosa, y Gabriel García Márquez debió disfrutar de intensas tertulias.

Carlos Franz, que fue discípulo de Donoso, nos contó multitud de anécdotas sobre quien sería uno de los padres fundadores del boom. Sobre sus perfeccionismos y rarezas, sobre sus revelaciones... Para asimilar tantas impresiones e ideas, nada como subir al poblado ibero, inscrito en la ruta temática, que fuese excavado por Juan Cabré, cuyo Museo es un ejemplo de dinamismo y rigor. Falcatas, puñales, exvotos, especiarios...

Las Jornadas Culturales del Matarraña atrajeron hasta Calaceite a un buen número de alcaldes y concejales de la comarca. Uno de ellos, Javier Celma, de Mazaleón, insistió en mostrarnos la vieja cárcel. Construida en el subsuelo del Ayuntamiento, su visión pone los pelos de punta. Los presos eran colocados en cepos, uno al costado del otro, en un mínimo y lóbrego espacio de piedra. Sobre las paredes, en inscripciones, o graffittis, de finales del siglo XVIII y principios del XIX, nombres, fechas, firmas, incluso dibujos de mujer.

Pascual Vidal, escritor y guía turistico de Mazaleón, nos mostró la hermosa iglesia parroquial y los grandes trujales del Diezmo.

Desde los campos de melocotones se divisa el río Matarraña. La tierra es densa. Descansan en el aire el misterio y el silencio de un mundo antiguo. Una voz nos habla... ¿Sabremos oírla, como Pepe Donoso?

Escritor y periodista