Era una niña difícil, hiperactiva. No paraba. Eso, al menos, declararon ante el tribunal que los juzga por tentativa de asesinato, violencia domestica y un delito contra la integridad moral, la madre biológica de Alba y su compañero sentimental, supuestos responsables de la brutal paliza que dejo a la pequeña de 5 años en coma en 2006. Fue en lo único que coincidieron, en la hiperactividad de la niña, en todo lo demás dieron versiones contradictorias de lo sucedido y, como era de esperar, negaron su participación en los hechos. ¡Qué patética la declaración de la madre y que falaz la respuesta del acusado cuando el juez preguntó si era cierto que ataban a la niña a una silla para que no molestara y le obligaban a digerir sus propios vómitos! Nada de lo que respondieron convenció. Pero el caso Alba que hoy llega a los tribunales sacó a la luz un dramático episodio de maltrato infantil que conmocionó a la opinión pública y algo más: toda una serie de negligencias de las administraciones implicadas --Generalitat catalana, justicia, y ayuntamiento-- que, cuando menos, deben hacernos reflexionar. ¿Cómo es posible que nadie reparara en la tragedia que estaba viviendo la niña?, ¿por qué no se tomaron las medidas de protección necesarias cuando ya en el 2005 ingresó en el Hospital con unas lesiones difíciles de justificar? Son preguntas que, si pudiera, se haría la pobre niña Alba, víctima del desamor, que hoy vive convertida en un ser que solo emite sonidos y necesita de una silla de ruedas, lejos de quienes tenían la obligación de cuidarla.Periodista