La indiferencia con que el ciudadano de a pie viene acogiendo en los últimos tiempos las opiniones y gestiones de la clase políica tiene mucho que ver con su escasa brillantez y con sus pobres resultados. Desilusionado, el votante español parece resignado a columpiarse entre socialistas y conservadores, en un mareante vaivén.

De esa apática inercia viene a sacarle muy de vez en cuando alguna excepción a la regla. La más reciente, sin duda, Tomás Gómez, el ya candidato autonómico del PSOE a la Comunidad de Madrid.

Álvaro Nieto, subdirector de la revista Tiempo, ha buceado a fondo en su personalidad para ofrecernos un retrato completo y, para muchos, sorprendente, del Obama de Parla.

Hijo de emigrantes, Tomás Gómez nació en la localidad holandesa de Enschede, de la que no recuerda nada. Allí, su padre trabajó en una fábrica y su madre fregó suelos hasta que pudieron volver a España. Para comprarse un piso en Parla, el padre tuvo que conducir un taxi, poner una zapatería y llevar la cantina del Instituto en el que se matricularía su hijo Tomás. Haciéndose acreedor, por cierto, de un magnífico expediente que le hizo merecedor de una beca para estudiar Ciencias Económicas en la Complutense.

A los 20 años, se afilió al PSOE. Su primer trabajo fue como técnico en el Ayuntamiento de Parla. A los 31, después de superar unas primarias, se presentó como alcalde y logró gobernar con IU. En 2003 y 2007 repetiría al frente de Parla con suma facilidad, siendo, con un 75% de los votos, el regidor más votado de España. Coincidiendo con la caída de Simancas, vendría después el liderazgo del PSM, sus enfrentamientos con José Blanco y, finalmente, su victoria interna frente a la sonriente Trinidad Jiménez.

En el terreno personal, es un hombre tímido y reservado, deportista, frugal y adicto al trabajo. Significativamente, sus amigos le llaman El Hermético. Estuvo casado con una compañera del partido, pero el matrimonio, que no tuvo hijos, acabó rompiéndose. En la actualidad, no se le conoce pareja, lo que a casi nadie, debido a su absoluta entrega a la política, extraña. Desde un principio, Gómez ha relacionado la actividad política con procesos asamblearios y con la militancia de base, de ahí sus encontronazos con los jerifaltes de Ferraz.

Un perfil sólido y un hueso no tan fácil de roer para Esperanza Aguirre.