Siempre he pensado, desde que tengo uso de razón, que en este país florecen los insensatos como hongos en el bosque después de una lluvia de otoño. Sólo hay que asomarse un rato a los medios informativos para captar frases absurdas y sin sentido, lanzadas a menudo por prohombres que se creen grandes gurús del sistema. En un artículo anterior aludía, a guisa de ejemplo, a esta frase lanzada por un conocido gurú ultraliberal, llamado a protagonizar probablemente inmensas hazañas económicas, que nos dejarán a todos con la boca abierta y resolverán en un par de días, de un milagroso plumazo, la crisis con todos sus derivados. Recordemos la genial frase en cuestión, lanzada por TV en hora de máxima audiencia con un tono de voz grave, persuasivo, definitivo: "Donde mejor está el dinero es en los bolsillos de los contribuyentes". Esto lo dijo el gran gurú antes de que se iniciara la crisis, en aquella mirífica España en que atábamos los perros con longanizas, los bancos se forraban y los empresarios del ladrillo amasaban tremendas fortunas en un plis plas. Es decir, que parecía un momento extremadamente propicio para acabar de un plumazo con los impuestos --vieja, demagógica, populista y super estúpida receta ultra liberal-- y no molestar más al sufrido contribuyente, aunque sea a un nuevo rico de la última hornada, multimillonario del ladrillo al que, cuando estornuda, le salen los euros por las orejas.

Pequeño problema: al llegar poco después las vacas flacas, vía crisis global (que el famoso gurú no había ni siquiera olfateado), el Estado se habría visto sin recursos, con sus arcas vacías y, por tanto, sin capacidad alguna de respuesta y, en consecuencia, la bofetada habría sido trágica e irreversible, al no poder ayudar a los bancos y no poder mantener tampoco el estado de bienestar: se acabarían entonces las pensiones, la medicina y la escuela públicas, las carreteras en buen estado, etc, etc. La ruina total. Y los ricos, entretanto, llevándose el dinero a Suiza. Resultado: rebelión popular en las calles: ocho millones de pensionistas empobrecidos y airados exigiendo su dinero, millones de obreros asaltando tal vez las fábricas, la miseria extendiéndose por todo el país como un reguero de pólvora, crecientes e imparables desórdenes públicos y un clima social asfixiante, con un futuro del país en su conjunto más negro que un túnel en el más crudo invierno. Esto es lo que habría logrado el gurú sabelotodo al dejar "el dinero en los bolsillos de los contribuyentes". Una de dos: o fue una broma estúpida o a este falso gurú hay que jubilarlo inmediatamente por peligroso, imprudente e inútil, no vaya a ser que alcance el poder. Dios nos coja confesados (incluso a los ateos, que nunca se sabe).

TAMBIÉN hay que jubilar con toda urgencia al jefe de la patronal, Gerardo Díaz Ferrán, que ha tenido en estos días una inmejorable ocasión para callarse. Pero no, este patrón de patronos pronunció en una rueda de presa esta "luminosa" frase: "Solamente se puede salir de la crisis de una manera, que es trabajando más y, desgraciadamente, ganando menos". ¡Oh, qué inmensa sabiduría, que hondura inaccesible en estas sabias palabras, que nos muestran el camino recto! Lo malo es que el señor Díaz Ferrán es un especialista consumado en cerrar sus propias empresas tras unas gestiones desastrosas (Air Comet, Viajes Marsans, etc, etc), y en no pagar los sueldos que aún debe a buena parte de los trabajadores que ha dejado en la puñetera calle. Estos trabajadores en paro ya saben lo que tienen que hacer: trabajar más y ganar menos. Lo malo es que para ellos ya es demasiado tarde: ni trabajan ni pueden ganar menos que el paro, si lo obtienen. Y un futuro tal vez sin salida, según la edad y las capacidades.

Señor Ferrán, por favor, no abra usted más la boca para decir nuevas bobadas sin sentido y acelere el proceso electoral de cambio en la cúpula patronal de la CEOE. Miles de empresarios españoles, muchos de ellos trabajadores, cumplidores y por ello respetables, no se merecen a este presidente vanamente lenguaraz. ¡Márchese de una vez, señor Díaz Ferrán! ¡Y no vuelva, por favor!

Periodista