El presidente del Gobierno ha renunciado finalmente a mantener un gabinete fashion, pero sin pegada política. De paso, parece haber abandonado su izquierdismo en estado gaseoso para echarse en brazos de la reserva socialdemócrata --Rubalcaba y Jáuregui. Único sector superviviente del partido que aún puede prestarle un discurso coherente y suministrar dirigentes que garanticen una acción política de cierta solvencia que, a su vez, permita recuperar la credibilidad perdida.

Entregado el gobierno en manos de socialistas sin carné, socialistas de cuota y ministros de probada irrelevancia, Rodríguez Zapatero ya es prácticamente el último gobernante socialista del continente. Lo que no le ha impedido ser el peor presidente de la democracia y el más peligroso para la estabilidad y bienestar social del país. Su ignorancia de los fundamentales en un presidente se ha agravado, legislatura tras legislatura, al estar rodeado de un equipo sin auténtico nivel doctrinal ni estatura política.

La minimización del papel de la organización y sus alianzas de "geometría variable" han convertido al PSOE en un erial político e ideológico. Marcelino Iglesias, el nuevo responsable de organización, seguro que ya tiene asumido que su principal tarea debería ser combatir la desorganización interna en sus diferentes modalidades. Pero que se prepare, porque el PSOE lo que de verdad necesita con urgencia es resucitar. Salir del estado de pasmo ideológico en que lo ha sumido el "zapaterismo".

Periodista