Regreso de Logroño conduciendo por la noche en medio de un vendaval, bajo una luna amarilla como un sol en la noche. Sólo falta una ceremonia celta, el lobo íbero, para regresar al pasado.

El presente de la capital de La Rioja es un poco más estimulante que el de otras ciudades. Logroño es hoy un enclave equilibrado, privilegiado, y sus calles y comercios bullen de actividad.

Si de librerías hablamos, hay que referirse a Santos Ochoa. Fundada en 1915, la cadena dispone hoy de once establecimientos; y acaba de abrir una librería en Huesca. Mónica Santos, bisnieta del fundador, que dirige el Club de Lectura, uno de los más relevantes del país, me invita a inaugurar el curso. En ese formato, compartiendo un par de horas con lectores que se han sumergido en tu obra, los escritores solemos sentirnos más cómodos. Dejo Logroño con una sensación de bienestar, la de que la literatura, ejerce una suerte de conjuro. Y, sin embargo, esa luna amarilla en la noche del valle del Ebro...

Al día siguiente, es Ramón Acín quien me propone participar en la presentación de un nuevo ciclo de "Invitación a la lectura", junto con los colegas Fernando Lalana y Miguel Mena. Este programa literario acaba de cumplir sus bodas de plata, lo que, francamente, puede considerarse un milagro. Detrás de ese logro hay un trabajo minucioso y sacrificado, vertebrado sobre la constante de una serie de principios básicos. A lo largo de los años, Acín y su equipo han ido incorporando novedades y variantes, pero, en esencia, el programa "Invitación a la lectura" descansa sobre la incorporación de los escritores españoles, con una proporción importante de autores aragoneses, a la vida escolar, colegial, de centros e institutos de nuestro territorio, Hasta sus aulas viajan, viajamos con la maleta llena de ideas, textos, paradojas, anécdotas, teorías, propuestas. Y, sobre todo, con el propósito de aportar a la experiencia escolar una vivencia práctica y diferente a la vez. Dirigiéndonos, tal vez, a futuros escritores, a futuros profesores, y, en cualquier caso, a jóvenes amantes de la ficción.

Gracias a la vocación y al esfuerzo de profesionales como Mónica Santos y Ramón Acín, el entramado de los sueños literarios toma carta de naturaleza en la realidad, llega a los colegios, se introduce en las casas y en el corazón de los lectores, vibra, conmociona, consuela, vive.