Tiempo ha, los católicos eran cristianos. Siempre el catolicismo fue una combinación de paulismo y de cristianismo, o sea de organización eclesial y de doctrina evangélica. No digo que Pablo de Tarso no fuese seguidor de Cristo, sino que organizó la iglesia mientras los evangelistas compilaban la palabra. No es una mala combinación. Al contrario: sin orden y estructura, los movimientos no devienen organizaciones y acaban desapareciendo. Lo malo es que las organizaciones suplanten a los movimientos. Los partidos comunistas acabaron con el marxismo (me pregunto si los socialistas no estarán replicando el proceso...). La Iglesia católica, de igual modo, arrolla al cristianismo, creo. No me extraña que a lo largo de su fascinante historia hayan proliferado los intentos de recuperar el sentido evangélico inicial. Los administradores de la peor cara del paulismo se apresuraron a anatematizar y a tildar de herejes a los rebeldes.

Soy agnóstico, pero me despierta un inmenso respeto el cristianismo. Nada ha habido más importante en la historia de Occidente. Los valores de nuestra civilización son casi todos cristianos. Los agnósticos occidentales somos cristianos laicos, honestos humanos carentes de fe pero ansiosos de esperanza y caridad. En cambio, ese catolicismo inquisidor que propugna la cerril fe del carbonero, ajeno al saber científico y falto de comprensión solidaria, no tiene caridad ni apenas esperanza. Parece solo preocupado por la gestualidad pietista, privado de toda actitud espiritual y trascendente. Se asemeja por momentos a una secta cualquiera. Periodista