La Universidad de Zaragoza, a través de su rector, Manuel López, ha dado la campanada nacional al anunciar la suspensión de la apertura oficial del curso universitario al que debían acudir el príncipe Felipe y el ministro de Educación, José Ignacio Wert. En previsión de los incidentes que se podían producir en el acto, con protestas aseguradas frente a la política educativa ministerial, el rector se ha curado en salud. Suya es la responsabilidad de la decisión y suya hubiera sido, en todo caso, la forma de resolución de los pretendidos incidentes. Como suya fue la aceptación de acoger el acto, momento ideal para haber rechazado la petición, conocedor como debía ser de las simpatías que despierta en casi todos los colectivos universitarios el ministro. Ha esperado hasta el final y lo ha resuelto a la brava, sin contentar ni a unos ni a otros.