Diversas asociaciones de víctimas del terrorismo --otras no acudieron-- reunieron ayer en Madrid a decenas de miles de personas para protestar por la anulación por el Tribunal Europeo de Derechos Humanos de Estrasburgo de la doctrina Parot. Es comprensible la indignación de las víctimas ante una resolución que hará que sanguinarios etarras y peligrosos delincuentes abandonen las cárceles, aunque en ningún caso puede hablarse ni de impunidad ni de desamparo ante los asesinos, ya que la mayoría habrá cumplido más de una veintena de años en prisión. Es injusto que un asesino pague casi lo mismo por un crimen que por 20, pero esa circunstancia no puede achacarse al tribunal de Estrasburgo, sino a la vigencia cuando se cometieron los asesinatos del Código Penal de 1973 que permitía la redención de las penas por el trabajo sobre el total del cumplimiento efectivo (30 años).

Y la manifestación de ayer era contra la decisión de Estrasburgo por mucho que se quisiera enmascarar como de apoyo a las víctimas, como hizo el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, para justificar la insólita presencia en la concentración del partido del Ejecutivo, representado por tres vicesecretarios generales y por otros dirigentes. Una presencia, por lo demás, que se volvió contra el PP porque Javier Arenas, Esteban González Pons y Carlos Floriano fueron abucheados e increpados con gritos de traidores y ñcobardes, proferidos por unos asistentes radicalizados que desbordaron a la presidenta de la Asociación de Víctimas del Terrorismo (AVT), Ángeles Pedraza, pese a presentar a la AVT como el último dique de contención de la dignidad democrática en España en un ejercicio de populismo y desmesura.

En realidad, la concentración fue un reflejo de la fractura del PP, una escenificación de los dos partidos que conviven en las mismas siglas, el duro de José María Aznar, Jaime Mayor Oreja y Esperanza Aguirre --aplaudida ayer-- y el PP de Mariano Rajoy, que sufrió las iras de los concentrados con insultos en pancartas y carteles. Era el mismo Rajoy que encabezó en el 2007 una manifestación de 300.000 personas contra la política antiterrorista del Gobierno socialista. Pero cuando se instrumentaliza políticamente a las víctimas del terrorismo, esta manipulación puede volverse contra quien la practica. Algo de eso ocurrió ayer.