Londres, 1953. Varios países se reúnen en la capital británica para estudiar la deuda contraída por Alemania con ellos. La reunión se cierra con un acuerdo para condonar hasta el 62% de la deuda germana. Casi 39.000 millones de marcos de la época. Un pastizal. La deuda se había generado en el periodo de entreguerras (fundamentalmente indemnizaciones por la responsabilidad alemana durante la I Guerra Mundial, que asfixió al país y dio lugar al surgimiento del monstruoso Hitler) y tras la II Guerra Mundial. Entre aquellos países que condonaron parte de la deuda, por cierto, estaba Grecia. El acuerdo permitió a Alemania liberarse de un peso insoportable, empezar a resurgir y cumplir religiosamente con lo que quedaba de deuda, que acabó de pagar en 2010. De no ser por aquel pacto de condonación, en el que hubo cálculos políticos, pero también amplitud de miras, generosidad y olvido, Alemania seguiría hoy pagando una deuda insoportable, y quién sabe si sus ciudadanos serían tan pobres como los griegos.

Volvemos a 2015. Juncker, presidente de la Comisión Europea, ha reconocido que la troika ha "pecado contra la dignidad" de los griegos. Y de los españoles, añado yo. Ahora Grecia, asfixiada hasta la miseria, pide flexibilizar las condiciones de su deuda, y la poderosa Alemania dice no. No sé a ustedes, pero a mí me resulta difícil olvidar la historia reciente. ¿Qué ha cambiado de 1953 a hoy? Pues que, con tanta corrección política, muchas veces nos callamos lo que tenemos ganas de decir. Como que ya no hacen falta cañones para doblegar a los pueblos. Porque la maldita economía, sin disparar un solo tiro, arrasa con los países y nos devuelve a un escenario de vencedores y vencidos.Periodista