Opinión | Tres en uno
Páginas de Espuma y la campana invisible
Un editor, decía Ambrose Bierce, es un censor severamente virtuoso, que tolera las virtudes ajenas y los vicios propios. Mark Twain señalaba que un editor tenía algo de Colón: en sus mejores momentos descubría América, aunque a menudo es porque estaba buscando la India. Probablemente estas dos observaciones divertirían al zaragozano Juan Casamayor, que fundó hace 20 años la editorial Páginas de Espuma junto a Encarnación Molina. Ayer, Páginas de Espuma obtuvo el Premio Nacional a la Labor Editorial Cultural.
Casamayor y Molina apostaron por dos géneros difíciles: el relato y el ensayo. Y se han convertido en una referencia ineludible. Una editorial es ante todo los libros que publica. En Páginas de Espuma hay ensayos de grandes autores y recopilaciones de numerosos maestros del cuento. Paul Viejo ha editado allí en cuatro volúmenes los relatos de Antón Chéjov.
Pero, como ha explicado Casamayor, un buen editor debe estar comprometido con la literatura de su tiempo. Páginas de Espuma ha sabido apreciar la obra de cuentistas muy distintos, defender el interés del relato y fomentar la conexión entre generaciones, sensibilidades y estilos. Autores como Clara Obligado, Eloy Tizón o Fernando Iwasaki han sido decisivos para la editorial, que se ha tomado en serio la tarea de descubrir cuentistas, como Mariana Torres, Inés Mendoza o Isabel Mellado: Casamayor ha hablado de la emoción particular de publicar un primer libro. Es un editor que disfruta cuando participa en el proceso de creación, en la estructuración de los relatos o el descubrimiento del tema que puede ordenar un volumen. Combina la pasión literaria con el sentido comercial. Apostó por estar presente en América Latina hace mucho, y sirve de plataforma de autores hispanoamericanos en nuestro país. La confianza en el cuento también articula la serie de antologías Pequeñas resistencias, configurada por Andrés Neuman, uno de los creadores emblemáticos de la editorial.
Páginas de Espuma ha publicado a autores y compiladores aragoneses, desde Luis Buñuel a Teresa López-Pellisa, pasando por Isabel González y Patricia Esteban, de quien acaba de reeditar Manderley en venta y otros cuentos, que sacó originalmente Tropo Editores. Publicó también los Cuentos completos de Javier Tomeo y su libro póstumo de microrrelatos, El fin de los dinosaurios. Uno de ellos, La campana invisible, puede ser una forma de hablar del cuento: «En la iglesia de mi pueblo hay una campana invisible, pero suena muy bien. Es mi campana preferida».
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