Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Opinión | Alégrame el día

50 películas

Hace cincuenta años, Woody Allen estrenó Toma el dinero y corre, su primera película como director, dando rienda suelta a la comicidad que había explotado en sus monólogos.

Le seguirían otras comedias desternillantes como Bananas o El dormilón, salpicadas de gags memorables. Pero con Annie Hall rompió todos los esquemas y se convirtió en un cineasta único y genial, pariendo una película magistral.

Luego con el mismo sello de autor llegarían Manhattan, Recuerdos de una estrella o Zelig. Cada año, los admiradores del neoyorquino teníamos nuestra dulce ración; una nueva película del maestro: Hannah y sus hermanas, Delitos y faltas, Balas sobre Broadway, Poderosa Afrodita, Desmontando a Harry, Match Point, Midnight in Paris…

Personalmente, pese a los inevitables altibajos artísticos de alguien tan prolífico, Woody nunca me defrauda. Hasta en sus filmes menos inspirados encuentro momentos geniales.

Y ahora ha estrenado Día de lluvia en Nueva York, su película número 50, una deliciosa comedia de encuentros y desencuentros ambientada en su amada Nueva York, esa ciudad que los turistas hemos mitificado en parte gracias a su extensa filmografía (es imposible pasear por Central Park o por el Puente de Brooklyn y no acordarse de algunos de sus fotogramas). Fui a ver su última película un día de lluvia, como el título, y la trama apasionante y los estupendos actores me tuvieron sonriendo y disfrutando sin descanso. Curiosamente, en su país, en lugar de celebrar por todo lo alto su película número 50, parece ser que no la quieren estrenar. Manda narices, qué tiempos tan oscuros. Por cierto, el próximo año se estrenará su siguiente película, que rodó este verano en San Sebastián. Ya le tengo ganas.

* Escritor y cuentacuentos

Tracking Pixel Contents