La Tierra agoniza y a nuestros dirigentes no les preocupa el cambio climático. Eso es un bulo. Así funcionan sus cerebros, por el principio de la negación. Habrá que empezar a llamar a las cosas por su nombre. La UE no lo ha hecho nada mal. Acaba de definir la situación de crisis del planeta como «emergencia climática». Al calor de la Cumbre Mundial sobre cambio climático que las Naciones Unidas celebran en Madrid, son muchas las noticias sobre deterioro del medioambiente que ven la luz, pero las que revelan las últimas investigaciones, corroboran el fenómeno del calentamiento global: la concentración de gases de efecto invernadero marcó su récord en el 2018; los incendios en la Amazonia derriten los glaciares andinos; la polución no solo provoca y dispara las enfermedades respiratorias o cardiacas sino también infecciones o fallos renales. Olé por una UE, por una Europa que se ha convertido en el primer continente que aprueba una resolución en la que advierte de la necesidad de actuar rápido. Pero, no solo eso, sino que además el PE acordó pedir a la Comisión que para 2030 eleve el objetivo de reducción de emisiones de dióxido del 40% al 55%, un paso necesario para lograr la neutralidad climática en 2050; y a que evalúe el impacto ambiental de cada propuesta de ley con objeto de que estas no sean incompatibles con el Acuerdo de París, y contengan el aumento de la temperatura media de la Tierra por debajo de 1,5 grados respecto a niveles preindustriales. Una pena que la iniciativa solo tuviera el sello conjunto de liberales, socialistas y los verdes. Los populares (no, los españoles), como los chinos, indios y estadounidenses: ¿A quién le importa cargarse el planeta? SOS, Tierra.

*Periodista y profesora de universidad