Estamos en una situación aún más incierta que hace meses. Es cierto que detectamos al virus mejor que nunca pero su expansión se está descontrolando como ocurrió en marzo.

Zaragoza puede ser lo que fue Bergamo al ritmo que avanzan los contagios. Y más aún cuando la economía no logrará sobrevivir a otro estado de alarma. Ni total ni parcial por territorios. Otro confinamiento sería devastador.

Los días pasan cada vez más rápido al ritmo de los titulares que simulan ser prólogos de otra situación insostenible. Y parece que nada ha cambiado. Ni somos mejores como sociedad ni nuestros gobiernos están actuando con la efectividad que prometían.

España vuelve a ser el país donde más crecen los contagios de Europa: 361 brotes activos de coronavirus, con más de 4.100 contagios. Seguimos en la misma línea de la gestión sanitaria. Más ineptitud gubernamental, más diferencia de criterios entre regiones y escasísima valentía en las reformas.

Queda margen de maniobra, o eso insisten desde Sanidad. Y más vale que sea así. Porque ser otra vez el país con más víctimas por habitante o con más sanitarios contagiados sería imperdonable. De ser así, confirmaríamos que no aprendimos nada de la desgracia sanitaria. O que la política nacional sólo gestiona la bilis ideológica que escupen muchos de sus portavoces.

Las promesas se perciben fallidas al no reforzar la atención primaria, no contratar suficientes rastreadores o de no controlar a los turistas extranjeros. ¿O dónde están los ministros más vinculados con la economía y el turismo cuando la previsión dibuja un cuadro desolador de una España casi en ruina?

Por el momento nos vanagloriamos de que los países europeos desaconsejen visitar nuestro país durante el verano. Esto hace que se desincentiven los contagios, recalca el tan aplaudido por algunos Fernando Simón. Quizá lo mejor sea obligar al desempleo para evitar los contagios laborales, ¿no?

El Gobierno ha caído en la irrelevancia de la gestión sanitaria tras decaer el estado de alarma. La situación es tan absurda que cada comunidad está librando su batalla por su cuenta al no haber un liderazgo solido desde el gobierno central. Las hay que desisten por inoperancia como Cataluña o las hay que combaten con control epidemiológico como Aragón.

Es de obligada necesidad un plan para controlar la expansión actual del virus con una estrategia de reactivación económica. Sino, lo que va a venir será catastrófico.