Ha pasado otro 23 de Abril, otro día de San Jorge que los ciudadanos disfrutaron en la calle, principalmente, pero al que le faltaron esos símbolos de aragonesismo que tanto han marcado a la comunidad en el Día de Aragón. Es normal que aquellas ilusiones de los años 80, cuando echaba a andar el proceso autonómico, se hayan desinflado pero en estos días de simbolismo --se vieron banderas en los balcones, pero pocas-- a la actual sociedad aragonesa se le echa en falta un poco de autoestima, de poner en valor lo nuestro y de afrontar nuevas iniciativas para toda la colectividad. Porque, casi 40 años después de tener Estatuto de Autonomía, tenemos que seguir construyendo el aragonesismo, pero adaptado a los tiempos actuales, un aragonesismo moderno proyectado al futuro.

Es evidente que Aragón ha evolucionado mucho y positivamente y hemos cogido el tren del desarrollo autonómico en el que otros territorios tan históricos o menos que el nuestro, estuvieron montados desde el primer día. Teniendo claro que Aragón es una nacionalidad histórica, que fue reino, tenemos que ser conscientes que se sigue reclamando lo que se pedía en 1981: financiación para poder autogestionar. La principal reivindicación del presidente Javier Lambán en su discurso del día de comunidad fue precisamente esa, una financiación más justa. Y, además, su petición tiene mucho más valor por cuanto está avalada, en un principio, por cuatro partidos, los que conforman el Gobierno de Aragón, muy a tener en cuenta en los debates nacionales. Pero también tendría el apoyo de bastantes de los restantes partidos representados en las Cortes de Aragón. Esa mayor capacidad económica para autogobernar y hacerlo en conjunción con el Ejecutivo central, es lo que también dará a Aragón mucha mayor identidad como territorio.

Pérdida de peso en el plano nacional

Otro factor importante a la hora de ver cómo se ha atenuado el aragonesismo es la pérdida de peso político a nivel nacional. La obediencia nacional de partidos como PSOE, PP y Ciudadanos no tiene el contrapunto que en otras ocasiones han tenido en el Congreso y el Senado partidos propiamente aragoneses. Y tan solo Teruel Existe juega en estos momentos ese papel, pero únicamente para la provincia en la que obtuvo representación nacional. El sentido crítico del presidente Lambán es muchas veces ese único enganche aragonés.

Otra pata importante de ese aragonesismo que falta está en las nuevas generaciones. Es necesaria una tarea didáctica importante para que los más jóvenes, los que poco a poco se van a incorporar a la vida laboral, social y política en la comunidad, conozcan las raíces, la historia de Aragón, la identidad como país. Una asignatura de Aragón en condiciones en colegios e institutos es necesaria cuanto antes para que todos estos nuevos aragoneses no caigan en la colonización de la globalización.

Eso sí, todo sustentado en un aragonesismo moderno y actual. Pero que se sepa y se vea claramente que nuestros derechos actuales en una sociedad constitucional y democrática de derecho se sustentan en el pasado, aunque eso sí, teniendo muy claro que el anclaje jurídico y político del siglo XXI en nada se parece a los vividos en los tiempos de nuestros antepasados. Por eso debemos ser capaces de ir construyendo el aragonesismo, como se hizo en los 80, pero adaptado a nuestros tiempos. Para ello es importante conocer las normas, las instituciones de la comunidad, el Estatuto de Autonomía --con sus consiguientes reformas y evoluciones--, los símbolos, proyectando esa labor importante hacia el futuro.

Hay que ser conscientes de que tenemos una autonomía consolidada y moderna, no se debe envidiar a nadie porque el territorio aragonés es pujante en economía, investigación, cultura, deporte... La diversidad del territorio es un tanto muy importante a favor de este Aragón moderno y, por supuesto, la ubicación porque estamos situados estratégicamente en medio de todo. Hay que seguir lanzando iniciativas, individuales y colectivas, como históricamente se ha hecho, con el fin de que vuelva esa autoestima aragonesa que hace unos años se retomó con hechos como los intentos del trasvase del Ebro. Una autoestima sin complejos ni victimismos.

Paz social y política

El Gobierno cuatripartito aragonés ha traído una paz social y política como nunca se conocía en la comunidad. Es verdad que en esta tierra se está muy acostumbrado a los gobiernos de coalición, pero tanto consenso ya se está viendo en positivo para conseguir muchos proyectos que en peores condiciones sería difícil que repararan en Aragón. Eso si, dejando siempre espacio a la calidad democrática, que la aporta el contraste de opiniones para lo que el juego de la oposición política y de las reclamaciones sociales es clave y vital. Con este panorama, y a pesar de la crisis económica y social que ha provocado la pandemia, Aragón debe afrontar el futuro con optimismo porque la situación es buena. Y lo que necesitan las gentes de aquí es una inyección de aragonesismo, creer en nuestros símbolos, en nuestro presente y en nuestra capacidad y, además, airearlo.