Si echamos la vista atrás, podemos ver algunas leyes aprobadas en la época de José Luis Rodríguez Zapatero, muy conocidas, pero con resultados dispares. Recordemos el carnet por puntos. La razón de esta ley fue que los comportamientos imprudentes reiterados estaban detrás de buena parte de los accidentes y muertes de tráfico. Bien, en 2006 (año de aprobación) hubo 4.104 muertos, en 2009 bajó a 2.714 y en 2019 hubo 1.755 muertos. Es evidente que la ley ha ayudado. Ha reducido los muertos a menos de la mitad. La ley antitabaco se aprobó en 2006 y luego se modificó en 2010 cuando ya no se dejó fumar en los bares. Entre 2006 y 2018 el número de fumadores diarios disminuyó en 600.000 personas y el de ocasionales en otro medio millón. Además, esta ley nos ha protegido a los no fumadores que nos hemos librado de tragar malos humos en espacios públicos.

El análisis fue: hay que reducir los espacios de consumo para por un lado proteger a los no fumadores y por otro disminuir el consumo de tabaco. Podemos concluir que queda mucho por hacer, pero que esta ley ha tenido resultados muy positivos.

Otra ley de esta época (2004) es la de violencia de género. Si observamos los datos veremos que en el año 2004 hubo 72 asesinadas; en 2005, 56; en 2008, 76; en 2009, 56; en 2010, 73; en 2012, 52 y en 2019, 55. Lo que vemos es que hay una fuerte dispersión en los datos, y no hay una reducción significativa. Parece claro que la ley no está funcionando.

Esta ley fue criticada al año de promulgarse porque hacía hincapié en «la idea del impulso masculino de dominio como único factor desencadenante de la violencia contra las mujeres». Esta crítica la firmaron más de 100 feministas (ente otras, la exalcaldesa de Madrid Manuela Carmena y la expresidenta de Navarra Uxue Barkos) en un artículo publicado en El País en 2006. Yo, como Carmena y Barcos, pienso que seguramente el «impulso masculino de dominio» no es lo que explica todos los asesinatos en la pareja, ni de lejos. Valga de ejemplo el asesinato de una mujer de 84 años con alzhéimer por parte de su marido de 88. Si diagnosticamos mal la enfermedad seguramente no acertemos con el tratamiento y no salvaremos vidas.