A partir del día 1 de junio nos cambian las condiciones de nuestro suministro eléctrico. A todos. A los contratos del mercado regulado (PVPC) y a los del mercado libre. No voy a extenderme en explicar todos los cambios que pueden verse en la página de la CNMC.

La medida estrella y que ha levantado una polvareda en los medios y redes es que la tarifa ahora va a discriminar entre el gasto en periodo punta, llano y valle. Quieren que cambiemos de horarios de consumo. Se intentó ya con la famosa tarifa nocturna que tantos quebrantos supuso para muchas familias. Nuevamente con la tarifa con discriminación horaria y el precio por hora de la electricidad. Fracasaron.

El consumo doméstico es escasamente elástico. Hay muy pocas cosas que podamos cambiar de horario de uso. La plancha, la lavadora, el lavavajillas y poco más. Todo lo demás, lo usamos cuando lo necesitamos. Y nuestras necesidades están condicionadas por nuestro horario laboral, académico, social, etc. Así que poco podemos hacer. Apenas un diez por ciento de nuestro consumo es flexible.

Todo esto se produce coincidiendo con las grandes subidas del precio del Kwh que se vienen produciendo desde enero en el mercado mayorista. Lo que nos hace temer que, en un futuro próximo, la factura de la luz incrementará su coste.

Pero ahora los culpables de la subida de nuestra factura eléctrica seremos nosotros. Pagas más porque consumes mal. Ese es el perverso mensaje que se desliza en el modelo de tramos.

Lógicamente las compañías del mercado libre se han lanzado a una ofensiva comercial para pescar en río revuelto. No olvidemos que reiteradamente la CNMC viene diciendo que los precios del mercado libre son siempre más caros que los del mercado regulado. En resumen, lo que hay que hacer es no romperse la cabeza con cambios de rutinas domésticas para ahorrar en factura. El ahorro no compensará el esfuerzo. Hay que estudiar las ventajas que nos puede suponer la doble potencia contratada. Puede ser beneficiosa. Y no atender a los cantos de sirena del mercado libre que nunca mejora a medio plazo el precio del mercado regulado.