La ministra española de Exteriores, Arancha González Laya, ha justificado «por razones humanitarias» la atención médica en España a Brahim Ghali, líder del Frente Polisario. Movimiento de liberación del Sáhara que, entre 1973-1975, declaró la guerra a España, atentando contra objetivos españoles. A partir de la Marcha Verde, el Polisario luchó contra la potencia que considera invasora, Marruecos. Los marroquíes, al igual que otros muchos países, como Estados Unidos, consideran a Ghali un terrorista.

Otro terrorista de estado, Daniel Ortega, presidente de Nicaragua, acaba de ordenar la detención de su opositora Cristiana Chamorro. Policías de Ortega han entrado en su casa de Managua, la han capturado, han desvalijado su domicilio y apoderado de sus bienes.

La diplomacia española no se ha pronunciado, ni siquiera «por razones humanitarias».

El presidente de Bielorrusia, el repugnante Lukashenko, ha encadenado una serie de acciones claramente encuadradas en el concepto de terrorismo estatal. Ha ordenado interceptar un vuelo comercial en espacio aéreo extranjero, ha detenido a un líder opositor, lo ha mandado torturar y forzado a una confesión de «arrepentimiento» al más puro estilo soviético.

El Gobierno español no se ha pronunciado.

En Bolivia, el sucesor de Evo Morales, Luis Arce, ha acusado de toda clase de delitos a la anterior presidenta, Jeanine Áñez, a fin de prolongar su estancia en la cárcel, donde ya la mantiene encerrada hace meses, acusada de no se sabe qué.

Nuestra ministra de Asuntos Exteriores no se ha referido al caso.

En Birmania, la opositora al régimen militar y Premio Nobel Sun Kyi, detenida por la Junta de generales, acaba de desaparecer del cuartel o cárcel donde se hallaba internada, sin que se conozca su actual paradero.

El Gobierno español no ha pedido explicaciones.

En Rusia, Vladimir Putin ha recrudecido su acoso a todos sus opositores, encarcelándolos, como a Navalny.

España nada tiene nada que decir al respecto.

Si ante todos estos casos de flagrantes ataques a líderes democráticos, guardamos silencio, ¿por qué nos hemos significado con Brahim Ghali y el Frente Polisario?