Cada año se celebran oposiciones a profesor. Como todos los años se siguen convocando determinadas especialidades en la ciudad de Teruel. El argumento falaz es que se tienen que dar las mismas posibilidades a las tres provincias. Digo falaz, porque con el supuesto equilibrio, lo que se hace en realidad es fastidiar a la mayoría de los opositores y en particular a los del medio rural. A los de Jaca, Barbastro, o Tamarite hacer el examen en Teruel les supone un auténtico drama de kilómetros, 600 entre ida y vuelta. Y tendrán que hacer hasta cinco viajes. Y Teruel tiene un problema y es que solo hay 1.400 camas hoteleras.

Por comparar, los opositores convocados en Teruel son alrededor de 1.800, y aun faltarían por contar a los miembros de los tribunales que rondarán el centenar. Alguno pensará que así los de la provincia de Teruel salen beneficiados. En realidad, no. Pregunten a los de Alcañiz, Calanda o el Matarraña dónde prefieren hacer las oposiciones: en Zaragoza a 100 kilómetros, con alta probabilidad de tener algún pariente o amigo y muchos alojamientos posibles, o en Teruel que está a 165 km, con peor carretera y además sin posibilidad de alojamiento.

Como anécdota les contaré que yo en una ocasión me tuve que alojar con dos compañeros en una casa rural en Albarracín. Ideal antes de un examen. Los únicos beneficiados de este absurdo son los hosteleros de Teruel capital (y los de la casa rural de Albarracín). Es decir, hacemos las oposiciones en Teruel para que desempleados y personas en situación precaria gasten su dinero para que lo gane la hostelería de la zona.

Además, a la administración le cuesta mucho más dinero, pues tiene que pagar el alojamiento de los tribunales durante un mes aproximadamente, en lugar de que puedan dormir en su casa. Afortunadamente, para los opositores castigados en Teruel, este año no habrá fiestas del Ángel. No se imaginan lo agradable que es no poder dormir por el jolgorio cuando te estás jugando el puesto de trabajo a la mañana siguiente. Lo de llegar al examen tras esquivar vomitonas, pisar montañas de basura, vasos de litro y charcos de calimocho solo se puede calificar de experiencia religiosa.