Buena prueba de que de la charca de la política catalana no pueden salir otra cosa que sapos son los que se han tragado los barones socialistas más opuestos al procés. García-Page (Castilla), Fernández Vara (Extremadura) o Lambán (Aragón), entre otros, o han matizado su antigua oposición a darle agua a los secesionistas, a regar la charca de las ranas, o bien guardan elocuente silencio frente a la decisión de su secretario general, Pedro Sánchez, quien, como hortelano del poder, intenta transformar los venenosos sapos en (solo) molestos grillos.

Esa expresión, la de tragarse un sapo es ya clásica en política. Los grandes políticos, por lo general, han tenido que tragarse unos cuantos a lo largo de sus carreras.

Otra cosa será cómo terminen estas. En ese punto final volveremos a ver cómo el jardín con charcos de la política catalana tiende a ahogar o embarrar a sus propios líderes, en lugar de enaltecerlos con estatuas y bellos parterres.

Veamos, si no, el epílogo de Jordi Pujol. Tras cuarenta años de actividad pública, la mayoría de ellos al frente de la Generalitat, Pujol no va a pasar a la historia como el padre de la autonomía catalana, sino como el progenitor de una pandilla de presuntos delincuentes. Habría que remontarse hasta El Lute para encontrar, en la historia criminal española, un caso de clan familiar, como el de don Jordi, en el que todos sus miembros hayan sido investigados por la Policía y sentenciados por diversas causas, tras atesorar una gran fortuna por misteriosos métodos. A diferencia de Adolfo Suárez, Felipe González, Calvo Sotelo, Carrillo, Fraga, Fernández-Ordóñez y tantos otros protagonistas de la Transición que sí han tenido amplio reconocimiento, Jordi Pujol permanecerá condenado a seguir croando desde la charca de la política secesionista.

Tampoco Xavier Arzalluz, por mucho que a él le gustase, ha quedado para la historia como el padre de la autonomía vasca, sino como un turbio mensajero de la utopía supremacista y el delirio etarra.

La historia de España, en fin, seguirá escribiéndose, pero habrá que ver si el capítulo de los indultos condiciona el futuro argumento y la carrera de los líderes que rodean la charca de los sapos, unos lanzando veneno, otros silbando el cri-cri de las cigarras.