No sé por qué a la gente le extraña que el alcalde Azcón (PP) saliera ayer por la tarde en la manifestación con la bandera LGTBIQ. Primero, porque es alcalde de todos los zaragozanos, incluidos los del colectivo antes citado. Segundo, porque en el PP también hay trans, hay gais, y hay personas de todas las orientaciones sexuales. Como en el resto de la sociedad. Y tercero, porque nos hemos creído que la política de Madrid es la política de toda España, y Azcón, y su socio Ciudadanos, esta vez han demostrado una falta de complejos muy de agradecer. A pesar de la disrupción de Vox y de la anuencia de un juez, mandando retirar una pancarta del ayuntamiento. En la manifestación de ayer sonaron críticas al supuesto interés publicitario del alcalde. No nos equivoquemos ahora fiscalizando los apoyos a la causa: cualquier adhesión es de agradecer, cualquier gesto de normalización es bienvenido. Venga del partido que venga. No podemos caer en el error de pensar que la defensa de ciertas causas es patrimonio de ciertos partidos. Sobre la sinceridad de Azcón, quién es nadie para juzgarla.

¿Seguro que todos los políticos que se envuelven en la bandera multicolor son sinceros al cien por cien? Pues habría que verlo. Creer en los derechos de todos es una cuestión íntima, medular, pero que necesita de gestos públicos como el de ayer. El alcalde de una de las ciudades más importantes de España en una manifestación LGTBIQ, sujetando una pancarta, siempre es una buena noticia. Si lo hace para ganar votos, pues estupendo. Prefiero a los políticos que ganan votos defendiendo derechos que a los que los ganan insultando y fomentando comportamientos homófobos. En la defensa de esta causa, todos somos bienvenidos.