El Gobierno cuatripartito de Aragón ha querido cerrar la etapa previa al descanso vacacional de agosto con un somero repaso a los dos años de legislatura. A PSOE, PAR, Podemos y Chunta les quedan otros dos años para rematar un Ejecutivo que ha estado plenamente marcado por la pandemia y en estos últimos meses por las enfermedades que han sufrido el propio presidente Javier Lambán, el vicepresidente, Arturo Aliaga, y el consejero de Hacienda, Carlos Pérez Anadón. Un Gobierno que ha tenido la habilidad de salir más o menos airoso de la gestión del covid en la comunidad, a pesar de tener una ola más que en todo el país (estamos en la sexta en lugar de en la quinta de España), tener unos malos datos en cuanto a personas mayores afectadas e incluso haber sufrido un cambio de consejera por la presión de los propios sectores sanitarios contra ella y varios reveses judiciales a la hora de tomar medidas para frenar la enfermedad, como ayer mismo, al rechazar la Justicia el toque de queda que la DGA quería imponer en Huesca, Jaca, Barbastro y Monzón. Sin embargo, en su haber está el primer pacto firmado en España por la reconstrucción al que no solo se sumaron los partidos en el Gobierno sino también toda la oposición menos Vox, así como los empresarios y los sindicatos. E incluso las cuentas de este año se aprobaron con el mayor apoyo de la historia de las Cortes de Aragón, al sumarse los votos de Ciudadanos, que en los últimos meses se está mostrando muy cercano al cuatripartito, en un cambio drástico de estrategia.

Lambán, con un Gobierno excesivamente presidencialista, en el que los consejeros tienen poco protagonismo, ha demostrado tener una gran habilidad política. Desde el primer momento, en que logró forzar esta amplia y compleja coalición de gobierno, hasta posteriormente para atraerse a la gran mayoría de fuerzas políticas y sociales hasta sus posiciones. Y es que los grandes proyectos estratégicos del cuatripartito son también compartidos por el PP y Ciudadanos, con lo que es difícil criticar lo que en el fondo se ve con buenos ojos. Ahora el Ejecutivo busca un segundo pacto centrado en los proyectos de inversión que llegarán de Europa, aunque será más difícil de aunar esfuerzos puesto que los partidos se sitúan en la carrera electoral de 2023 y los procesos internos en cada uno de ellos tendrán su importancia. La oposición no estará tanto por la labor, pero no se puede descartar nada (Cs ya dice que acudirá). Como siempre ha faltado autocrítica en el balance del Ejecutivo, pero eso se deja para la oposición que tampoco es muy rompedora.