Escucho por la radio que ha ganado el Premio Nobel de Literatura el autor tanzano… (y aquí yo creo entender que ha ganado el Nobel de Literatura Carlos Manzano, y pienso «qué bien, lo conozco, tengo varios libros suyos y es más majo que para qué, cómo me alegro», todo esto en una eufórica milésima de segundo) y luego tras una breve pausa escucho claramente… Abdulrazak Gurnah, el auténtico ganador (y pienso «vaya, no se parece en nada, el oído o la mente me la ha jugado, soy un desastre, ni escuchar se me da bien»). Y es una verdadera lástima, a este autor tanzano nacido en Zanzíbar no lo conozco de nada. Lo siento especialmente por Carlos, pero ya llegará su momento. Todavía es joven para semejante reconocimiento, me digo, ya se sabe que para ganar el Nobel de Literatura hay que ganar antes la jubilación y tener una edad respetable (es decir, provecta). Tengo un oído sucio, que va a su aire y me juega este tipo de trucos y equívocos. Me pasa continuamente. También tengo una mirada sucia, pero esto quiero pensar que es más normal. Por ejemplo, en un primer vistazo, en cualquier titular inocente del periódico creo ver elementos o situaciones sexuales. Luego, una milésima de segundo después, no hay nada de eso realmente en el titular (estoy fatal, vale). Busco información y alguna fotografía del recién y flamante Premio Nobel de Literatura de Tanzania, y oye, tiene un aire a Carlos Manzano, pero en negro. Posa con la misma expresión de autor serio e interesante, y tiene el mismo corte y color de pelo; clavado, vamos. Son como dos gotas de agua. ¿Será cosa mía? Igual ya lo veo todo bajo el prisma envolvente y magnético del escritor zaragozano y no hay manera de quitármelo de la cabeza. ¿Estoy fatal, verdad? En una dimensión paralela, me llega como en una revelación, Carlos, para mí has ganado.