El Día de la Salud Mental se celebró ayer y todos los expertos incidieron en el incremento de las patologías relacionadas con esta parte fundamental de cualquier persona y que, sin embargo, muchas veces es la más olvidada. Las consultas en Aragón han aumentado un 20% desde el inicio de la pandemia, pero es que además los casos que se atienden son cada vez más graves. Preocupa especialmente el incremento en la población más joven, donde más ha crecido el número de consultas. Las ideas suicidas y los intentos autolíticos empiezan a ser cada vez más frecuentes y muchas veces cuestan detectarse.

Ante esta situación, se ha abierto en los últimos meses un debate político, también en Aragón, para que aumente la inversión pública en programas de prevención, de detección y dotar para ello a la Atención Primaria y a las especialidades de recursos suficientes para atender estas patologías, complejas y que muchas veces se encuentran con el muro de la incomprensión social y con un déficit en la atención sanitaria, precisamente en muchos casos por falta de medios y recursos.

Este año concluye en Aragón el plan autonómico de salud mental y ya se está trabajando para elaborar un nuevo proyecto que, según el Salud, será «continuista». El objetivo es mantener la atención integral a los pacientes, que se complementa con la ya implantada Estrategia de Prevención del Suicidio. El documento será participativo y dinámico, por lo que estará abierto a cambios y mejoras, y prestará especial atención a las personas con discapacidad intelectual, sin hogar, los más mayores y también aquellas con adicciones. Está bien que se vaya a trabajar en este plan renovado, pero por muy buen documento que se haga, si no hay una mayor concienciación social de este problema y, sobre todo, si no hay una dotación presupuestaria y una financiación adecuada. Estamos viviendo una epidemia vírica y la hemos combatido con todas las armas políticas y sanitarias. Evitemos que la enfermedad mental sea una nueva pandemia.