La exposición Nunca olvido una cara… pero en su caso haría una excepción puede verse hasta el día 9 de diciembre en la sala África Ibarra del Paraninfo de la Universidad de Zaragoza. En ella Luis Grañena recopila 160 ilustraciones que han aparecido en medios como Heraldo de Aragón, Ctxt, El País y La Vanguardia e internacionales como The New Yorker, Vanity Fair, The Independent, La Tercera o Libération. Durante un tiempo Grañena formó con el columnista Simon Kuper un genial dúo periodístico, en las páginas del Financial Times. En la exposición –que toma un título de un chiste de Groucho Marx– Grañena ha agrupado las categorías por profesiones: músicos, deportistas, escritores, cineastas, políticos. Están Angela Merkel y Margaret Thatcher, Luis Buñuel y Daniel Craig. Algunas de mis preferidas son las de músicos: las de Prince, John Lee Hooker, Van Morrison. Son minimalistas y contenidas: algunas tienen una puesta en escena, como la caricatura de un Rodríguez Zapatero gladiador, que resulta un tanto incongruente cuando vemos su trayectoria cada vez más lamentable. Son muy buenas también las de escritores: una de mis preferidas es la que hizo de George Orwell para Letras Libres, la revista en la que trabajo. Y destaca también, en blanco y negro, una especie de orla de escritores aragoneses, donde aparecen Cristina Grande, Ismael Grasa, José Antonio Labordeta, José Luis Melero, Javier Tomeo o Julio Antonio Gómez. Además de la combinación de perspicacia y destreza para capturar y sintetizar el gesto que define a una persona, asombran la capacidad evocativa (hay dos trazos pero son todo un contexto, la insinuación de una escena) y una combinación de expresionismo y belleza, de exageración y alegría. Normalmente asociamos la caricatura con una estética feísta: no es el caso de las de Grañena, que a menudo son más bonitas que su fuente de inspiración. La exposición es, en el fondo, una serie de recortes de periódicos y la visita, además de ser una especie de resumen de los últimos 20 años, transmite la sensación de ser un viaje breve e intenso a un pequeño planeta. También son travesías peculiares las que recoge en Días en Nueva York y otras noches (Newcastle) Fernando Sanmartín, que combina el juego con las palabras con el humor impasible a lo Buster Keaton y cuyo aire ocasional de flâneur es una manera entre coqueta y pudorosa de disimular la permanente disposición a la aventura.