Cada año surgen nuevas ilusiones y retos. Y en lo político no podía ser para menos. Mientras el resto del país aún recoge la siembra de la moción de censura de Murcia que catapultó a Ayuso en Madrid y deja en la irrelevancia a Ciudadanos, en Aragón el baile político se ha relajado por la crisis sanitaria que lo eclipsa todo, pero que promete en el año 2022. Las tres incógnitas que aún están sin resolver van a ser el centro de la atención mediática y serán la clave para el futuro político aragonés.

El impacto electoral que está despertando el alcalde Jorge Azcón no parece un espejismo. Su liderazgo se consolida tanto dentro de su partido como fuera en las calles. El último barómetro municipal apunta a una victoria del PP, y lograría la mayoría absoluta junto a la ultra derecha. El fin de Ciudadanos está escrito y solo hace falta la firma de su defunción. De ahí que el PP consolide su crecimiento en la capital con la muleta de los de Abascal, que ahora sí serían socio fiel de los conservadores. Eso sí, habrá que ver si Azcón se mantiene en la plaza del Pilar o su jefe de filas Casado le indica el camino al Pignatelli.

Es en ese escenario, la candidatura de Lambán a la presidencia del gobierno está aún en el aire. Se da casi por hecho que será el candidato socialista pero no hay nada cerrado. Su salud no parece ser un impedimento pero sí que podría serlo Sánchez desde La Moncloa. El líder socialista no deja títere con cabeza y Lambán siempre ha estado en su diana. La tercera incógnita es la más escurridiza: ¿cuál será el papel que jugará Teruel Existe?. La eclosión de esta formación cantonalista puede despertar un gran interés en aquellos que votan contra el cuatripartidismo o el aragonesismo de moqueta. Darán que hablar como nadie y deberán de dejarse de la retórica buenista de la despoblación para mojarse en políticas activas. Y ahí es donde se verá el desgaste de sus ideas.