El antiguo cine Elíseos se ha convertido en un local de la cadena McDonald’s, lo que ha provocado una sensación generalizada de malestar, como una ofensa a la memoria cultural de Zaragoza. Muchos hubieran preferido en su lugar una tienda de flores, una librería, una cafetería o un centro cultural. La cuestión es que alquilar ese espacio cuesta un pastón, incluso para un ayuntamiento; por muy buenos deseos que tengamos, pocos negocios en Zaragoza pueden pagar trescientos mil euros al año solo en alquiler. Hay que vender muchísimos libros, cafés o flores para que salgan las cuentas. Pero lo que realmente se nos olvida es que la transformación de una ciudad corresponde siempre al nivel cultural, al hábito de sus ciudadanos y a la morfología urbana. Los viejos cines de Zaragoza ya no están porque la ciudad dejó de frecuentarlos, no por capricho. Que un McDonald’s sustituya a una sala de cine no es más que un signo de cómo avanza la sociedad.

En este asunto de transformaciones hay que tener cierta memoria. Cuando se produjo la reforma urbanística del Tubo, muchos nostálgicos lamentaron que ya no podrían tomarse cervezas, calamares o papas bravas en emblemáticos locales... que en realidad llevaban más de diez años cerrados. El Elíseos cerró en 2014 con una película española, 'Marsella', de Belén Macías. En todo el país fueron a verla treinta mil espectadores, lo que da una idea del escaso personal que asistió en Zaragoza a la defunción de la sala. Hace poco, un buen amigo me comentaba las veces que acudió al Elíseos y se encontró con uno o dos espectadores, no más. Los cines sobreviven ahora en multicines y con una oferta acorde al gusto infantil de estos tiempos. Como las hamburguesas.