Conforme pasan los días, a Pablo Casado se le ve cada vez más nervioso. Llama la atención que la vicepresidenta Nadia Calviño, probablemente la voz más moderada del ejecutivo, lo llamara desequilibrado. La reacción de Casado ha sido efectivamente desequilibrada pidiendo su dimisión y comenzando un alocado acoso con más de 100 preguntas parlamentarias a la vicepresidenta y declaraciones en su contra de todos los portavoces del PP.

Veamos algunas actuaciones de Casado en los últimos meses. Desde que se aprobó en Europa el plan de recuperación con los famosos fondos, y a pesar de que a España se le ha puesto la máxima nota, Casado se ha dedicado a boicotear la llegada de estos fondos intentando hacer daño al país solo para erosionar al Gobierno. ¿Será un mezquino?

En junio, cuando se produjeron los indultos, llamó cómplices del separatismo a obispos y empresarios y dijo que al PP no tiene que importarle lo que digan patronal, sindicatos o la conferencia episcopal. Lo de los sindicatos pase, pero los otros dos, en fin. ¿Será megalomanía? Ya en noviembre, acudió a una misa en Granada en homenaje a Franco. Dice que fue casualidad. Ya es raro. De las decenas de miles de misas que se celebran en España, solo 11 eran por Franco, y a esa que fue. Llama más la atención que en la misa había banderas con el pollo, brazos en alto, etc. y el tipo continuó allí. ¿Será un nostálgico fascista?

La actuación que está teniendo con la reforma laboral es alucinante. La patronal, con su presidente al frente, la aprueba. Pero lo más gordo, la exministra de trabajo Fátima Báñez del PP y autora de la reforma anterior, afirma valorarla positivamente. ¿Por qué esta obcecación con el no?

Pienso que la raíz de todos estos comportamientos, viene de su enfrentamiento con Ayuso. Casado siente el aliento en la nuca de su rival, que se lo va a llevar por delante. Es posible que el adelanto electoral en Castilla y León sea en realidad un arma contra Ayuso. Al adelantarse las elecciones es muy probable que pospongan su congreso en Madrid evitando que Ayuso se proclame Secretaria general de Madrid, o como dirían en 'Juego de Tronos', la reina en el Norte.

Si uno ve todas estas actuaciones juntas puede pensar que Casado es un mezquino, megalómano, obcecado y nostálgico del fascismo. Sin embargo, yo lo que pienso es que la vicepresidenta Calviño tiene razón.