Opinión | EL ARTÍCULO DEL DÍA

Propuestas para el sistema agroalimentario

Aragón ya es granero y granja, pero podríamos ser la despensa, apostando por la manufacturación

Defendemos la agricultura familiar para lograr comer bien en todo el planeta, con alimentos sanos y provenientes de una agricultura con agricultores, que nos permite trabajar en nuestros pueblos y contribuye a un mundo rural vivo. Porque ser menos no resta derechos, aspiramos a un equilibrio entre el campo y la ciudad, un comercio justo entre productores y consumidores y unas administraciones públicas que apoyen el cooperativismo y el asociacionismo.

En la agricultura familiar las decisiones se toman en torno a la mesa de la cocina de nuestros agricultores y no en un consejo de administración o en la bolsa de Chicago. El modelo familiar retrocede conforme aumenta la avaricia especulativa. En la última década han desaparecido un tercio de las explotaciones agrarias en Aragón, 20.000. De las que quedan, 4 de cada 10 están en manos de mayores de 65 años.

La importancia de la agricultura en nuestra sociedad es enorme. ¡Por algo es el sector primario! Solo en 2021, 13.400 contratos mensuales, 4 de cada 5 de personas migrantes, que son las que más trabajan en el campo, procedentes de Bulgaria, Rumanía, Marruecos o África subsahariana. De los 1.753 millones de euros de producción agrícola anual, un 63% procede de la ganadería aragonesa y ahí destaca la porcina muy por delante de la bovina, ovina, avícola, cunícola o apícola. Aragón ha disparado la producción de cerdos hasta las casi 9 millones de plazas al año, ya es la primera productora de Europa y la segunda del mundo, solo superada por China, país que es nuestro principal destino, por sus problemas de peste porcina que ya está superando con rapidez. De las 4.650 explotaciones porcinas aragonesas, solo 5 son de extensivo. En la ganadería intensiva los animales son estabulados en naves donde comen piensos y los estiércoles se quedan ahí, a la espera de su gestión. La dependencia de piensos importados es un problema –con tremendo consumo de combustible–, también el aumento de precios –como lo es también para la agricultura el aumento de costes de los fertilizantes–. Además, nuestros ganaderos son frágiles ante la aparición de algún problema de producción o de venta, porque en el modelo de integración son la parte más vulnerable de la cadena.

Para apoyar a nuestros agricultores y ganaderos, en Aragón estamos trabajando en las Cortes el proyecto de Ley de Protección y Modernización de la Agricultura Familiar y del Patrimonio Agrario, texto elaborado por el Gobierno de Aragón en el que se reconoce el riesgo de un crecimiento desequilibrado ante un sector con explotaciones ganaderas cada vez más grandes. Se propone ordenación territorial, la limitación de su tamaño y la condicionalidad al buen uso de los purines en un entorno de 5 kilómetros, para evitar la extinción del modelo familiar y riesgos sanitarios epidemiológicos que se incrementan exponencialmente en función del tamaño de las explotaciones y patologías compartidas por el movimiento de animales entre países y comunidades autónomas.

¡Pero, ojo! La ganadería intensiva no es sinónimo de macrogranja, ni todas las amenazas vienen de ahí. España tiene un problema de contaminación por nitratos, denunciado por el Consejo Europeo, que pone en peligro nuestros ríos y acuíferos por el uso exceso de fertilizantes en la agricultura intensiva junto a una mala gestión de estiércoles, cuya trazabilidad es imprescindible para poner coto a la contaminación del agua. Por supuesto que hay que impedir macrogranjas como la de Noviercas (Soria) o la de Torralba de Aragón y la proliferación exagerada de explotaciones concentradas en territorios vulnerables (como puede ser el Moncayo), porque son un desequilibrio fuerte y pueden suponer una enorme amenaza para nuestra salud, la agricultura, el medio ambiente, la tierra y el agua. Pero sobre todo hay que acompañar, ayudar e incentivar a nuestros agricultores y ganaderos para no ser tan dependientes de insumos, piensos y fertilizantes químicos, para producir con las mejores técnicas disponibles y manejar mejor los abonos orgánicos cercanos; que nos posicionemos en los mercados con los mejores estándares de trazabilidad, calidad alimentaria, derechos laborales y bienestar animal; que fomentemos la ganadería extensiva y la economía circular (también intensiva), la rotación de cultivos, la diversificación, la venta de proximidad y la agroecología; ¡que saquemos del sector a los explotadores y especuladores!

Aragón ya es un importante granero y granja, pero podríamos ser la despensa, con una apuesta decidida por la manufacturación de alimentos, para generar más valor añadido y permitir que más gente quiera vivir en nuestros pueblos y ciudades intermedias para trabajar en el campo o en otros trabajos relacionados con la agroindustria.

Cada vez más personas cooperamos para mejorar las alianzas entre el campo y la ciudad, con el fomento del consumo de alimentos próximos y a precios justos: Mincha d’Aquí, A Vecinal, La Sazón, EcoRedAragón, mercados agroecológicos en Huesca, Zaragoza o Andorra (Teruel), redes de semillas, venta directa, asociaciones agrarias, cocinas en comedores públicos, comercios de pueblos y barrios... y en el ámbito institucional la lista de iniciativas es enorme: por una PAC justa que acabe con los derechos históricos de quienes perciben ayudas públicas sin trabajar la tierra y que resuelva el entuerto de los pastos; la Ley de la Cadena Alimentaria; la flexibilización higiénico-sanitaria a las pequeñas explotaciones; la ley de agricultura familiar en Aragón; el decreto de purines; las ayudas a la ganadería extensiva; la investigación y transferencia de conocimiento en el CITA; las ayudas a la incorporación de jóvenes agricultores, la modernización de explotaciones... Es decir, trabajamos para cumplir la Estrategia de Desarrollo Sostenible 2030 del Gobierno de España.

La dieta mediterránea es excelente en frutas y verduras, cereales y legumbres, con un alto componente vegetariano, con posibilidad de carne de calidad y accesible. El reto es que esta alimentación sana llegue a todo el mundo, donde hay 800 millones de personas que pasan hambre y se deforestan enormes bosques del Amazonas para cultivar soja que alimenta a nuestros animales. Para lograrlo, sobra el fango en la apolítica electoralista que dinamita cauces de diálogo y búsqueda de soluciones. Los agricultores y ganaderos son aliados en la transición ecológica. El reto climático y el colapso de la biodiversidad nos exige inteligencia y valentía en el camino que ya estamos andando.